El Instituto Asistentes Sociales Misioneras ( Sociedad de Servicio Social Misionero) Nace en Palermo (Italia) en 1954, siendo su fundador el cardenal Ernesto Ruffini, Arzobispo de Palermo desde 1946 al 1967. En 1966 obtuvo el reconocimiento pontificio y desde 1957 goza de personalidad jurídica.
Ernesto Ruffini asume el gobierno de la diócesis en una de los periodod más cruciales de la historia del pueblo italiano, y en una región duramente azotada por el flajelo de la guerra. Supo captar con rapidez y profundidad los problemas sociales de su pueblo: problemas seculares especialmente de naturaleza social y económica, (miseria, enfermedad, delincuencia, desordenes, opresión y junto a ellos las ruinas, la inadaptación y las penurias de las obras sociales, etc.), agravados bajo todos los aspectos por los vestigios de la ocupación militar extranjera. Los testimonios de la época describen un cuadro alarmante de desbandamiento y debilidad moral y civil.
El talante abierto y disponible del cardenal animó a los pobres a presentar sus demandas de ayuda, que en muy pocos días superaron las 80.000 solicitudes. Se designó una oficina específica para ordenarlas y clasificarlas con lo que se obtuvo una primera aproximación a la magnitud y realidad de pobreza, que sirvió de base para las iniciativas que se fueron desarrollando.
Unos días antes del ingreso del nuevo cardenal en la diócesis, llegaron a Palermo dos colaboradoras de Roma para preparar lo que él llamaba “pequeño ministerio de la caridad” Elena y Cristina, enseguida se unieron a ellas otras jóvenes que, cultivando una sólida formación espiritual y social fueron colaboradoras incondicionales de las obras que iban surgiendo. Este grupo constituyó el núcleo que dio origen el nuevo instituto
El mismo Cardenal en el decreto de erección canónica firmado el 25 de marzo de 1954, explica y fundamenta el contexto y la finalidad de la fundación con estas palabras:
“Desde el primer momento en que... fuimos enviados a la sede Arzobispal de Palermo, nos afirmamos en la certeza de que no habríamos podido cumplir plenamente la misión pastoral sin dedicar preferente atención a los niños abandonados, a los pobres enfermos o ancianos, a los trabajadores de todas las categorías”.
Movido por el Espíritu Santo e inspirado por la Virgen Madre, consciente de las carencias y lagunas existentes en el campo asistencial, el cardenal E. Ruffini quiso formar “ nuevos apóstoles de la Caridad ” dedicados a la promoción de los pobres y de los trabajadores, utilizando los frutos de la cultura y del progreso para el desarrollo del reino de Cristo, presente en la vida de los hombres.
En 1954 escribía en la introducción a las primeras constituciones
“Las obras sociales propiamente dichas, es decir, las que tienen como finalidad la asistencia al prójimo en sus diversas necesidades materiales y morales, en la práctica no son suficientemente valorizadas. El desarrollo alcanzado por la llamada civilización moderna ha multiplicado las exigencias humanas, aumentando al mismo nivel el número de necesidades.
No sería fácil enumerar las miserias que inciden hoy en muchos sectores de la sociedad (...) Es un inmenso número de persona que sufren y que esperan una respuesta adecuada (...), una respuesta de personas, que utilizando todas las posibilidades legales de las instituciones públicas y de los recursos privados, trabajen por hacer el bien en todas partes. Este servicio es cristiano por excelencia y ha sido indicado por nuestro Señor Jesucristo como camino(...)Él mismo solía unir a la predicación, la curación de los enfermos, la liberación de los desposeídos y la multiplicación de los panes. No extraña por tanto que, desde los apóstoles, los santos se hayan distinguido siempre por las obras de misericordia...
Pero las formas antiguas no bastan de cara a las necesidades siempre crecientes de nuestro tiempo(...), las respuestas legislativas con frecuencia o no son suficientes, o no son aplicadas por falta de unas técnicas adecuadas; por otra parte siempre quedan necesidades y necesitados al margen de las respuestas gubernamentales.
Para atender a esta amplia gama de situaciones será muy útil que personas inspiradas en el evangelio, animadas por gran amor de Dios y por espíritu de sacrificio, modernamente preparadas por cultura y técnica se acerque a las personas, familias y grupos sociales, interviniendo allí donde se trabaja, se sufre, se languidece
Sobre esta base, al fundador le pareció necesario dar origen a un Instituto, que en conformidad con las viejas y las nuevas orientaciones de la Iglesia, ofreciera formas de presencia más incisivas en el campo de la caridad social .
El contexto histórico de posguerra, en el que se inició nuestra Familia Misionera, con su cúmulo de miserias materiales y morales y las iniciativas, llenas de fe y coraje del Fundador y de las primeras hermanas que lo ayudaron en el comienzo de la obra de reconstrucción, son datos emblemáticos de la misión que el Espíritu Santo nos confía en la Iglesia y en el mundo.
Las Asistentes Sociales Misioneras (Sociedad de Servicio Social Misionero) prestan una colaboración importante en las obras propias de la Opera Pía Card. Ernesto Ruffini , organización que reúne muchas de las obras asistenciales promovidas por el cardenal, sin embargo desde el principio su presencia se multiplicó en distintas iniciativas públicas y privadas. Ciñéndonos al ámbito asistencial, sobre todo en aquellas iniciativas, proyectos y/o servicios que incluían la participación del Trabajo Social: Dirección Provincial de Educación de Palermo en los Circoli Didattici donde iniciaron, con carácter de proyectos piloto, un servicio social escolar, en el ENALC, para la formación profesional de los trabajadores; ECA - servicio municipal de asistencia; Hospitales; en empresas: con los trabajadores de los astilleros, de las industrias mecánicas, ferrocarriles, Industria electrónica, Hilanderías, etc., impulsando la creación de un trabajo social cuyo cometido estaba orientado a estudiar las problemáticas individuales, familiares y sociales de los trabajadores, garantizar la seguridad social del obrero y su familia, la elevación de su nivel cultural y la mejora de las relaciones sociales; en el Ente de Reforma Agraria Siciliana (ERAS) para el desarrollo de un servicio social en las zonas rurales , el servicio social en este caso ofrecía ayuda a los campesinos, reforzando y apoyando los procesos de cambio.
De igual manera a partir de 1956 su presencia en forma de pequeñas comunidades se fue multiplicando en otros lugares primero de Italia y más tarde de España y Argentina.
El primer núcleo de hermanas surge entre las voluntarias que, desde los primeros días colaboraron en las distintas iniciativas, afirmándose así en la vocación al Servicio Social Misionero como una llamada a participar en la Diaconía de Cristo, con la atención a los pobres, los que sufren y los trabajadores ofreciendo un servicio adecuado de promoción de la justicia en la caridad.
Las Asistentes Sociales Misioneras (Sociedad de Servicio Social Misionero) están canónicamente reconocidas como Sociedad de Vida Apostólica. Históricamente tuvo su primera aprobación diocesana como Instituto de Vida Consagrada el 25 de marzo de 1954 y, posteriormente, el 31 de mayo de 1965, la aprobación pontificia.
Pablo VI, en la audiencia concedida con ocasión del reconocimiento Pontificio se expresaba con estas palabras:
“Habéis sabido captar los elementos constructivos de la sociedad moderna para hacerlos instrumentos de apostolado, por lo que hay coincidencia entre vuestro programa y la evolución psicológica, civil y social de vuestro mundo(...)La Iglesia os dice: ¡habéis elegido bien! Perseverad, y con vuestro servicio dad testimonio de lo que puede la caridad y manifestad vuestra fe y vuestro amor a Cristo”
Participaban en las actividades y la espiritualidad del Servicio Social Misionero otras personas que no eran consagradas, pero que en distintas formas integraban la familia más amplia. En 1997 la Asamblea Capitular, con la finalidad de ofrecer espacio propio para quienes animados por el mismo carisma compartían espiritualidad y misión, aprobó la constitución de la Asociación de Servicio Social Misionero, de manera que la llamada al seguimiento de Cristo, con el don del Servicio Social Misionero se puede vivir en la consagración al Señor con los votos de pobreza, castidad y obediencia, la promesa de Servicio Social Misionero y la vida fraterna en común, y en la adhesión a la Asociación con compromisos de vida evangélica según la vocación y el estado de vida de cada uno (laical, diaconal, presbiteral)
La promesa de Servicio Social Misionero es expresión del carisma y especifica la misión común en la Iglesia, ser un signo tangible del amor de Dios por los hombres y un instrumento de liberación evangélica y de promoción de la justicia en la caridad, especialmente para los pobres, sufrientes y trabajadores.
Desarrollan su misión en organismos civiles y eclesiales al servicio de los hermanos que viven en la pobreza y la exclusión social, en barrios populares, en sedes de formación para agentes sociales y en centros universitarios de trabajo social, en servicios a favor de las familias, en sedes de promoción y coordinación de proyectos y servicios para la búsqueda de respuestas adecuadas y integradoras.
La Sociedad de Servicio Social Misionero y la Asociación están presentes en Italia, España y Argentina.
El Servicio Social Misionero tiene su fundamento en la diaconía de Cristo, según el programa de S. Pablo “ para mi vivir es Cristo”, siguiendo su ejemplo de amor y servicio a los hermanos como nos muestra el evangelio.
Este seguimiento lleva a un mayor conocimiento de Cristo, apóstol del padre y la atención a sus sentimientos y actitudes, especialmente:
María “Consoladora de los afligidos” y “Servidora del Señor” es referente de espiritualidad y servicio.
“Hacer la verdad en el amor” y “Dios es amor” son las dos expresiones emblemáticas que simbolizan la misión de la sociedad. La verdad evangélica del amor debe reflejarse en la vida, en el servicio y en el estilo de las relaciones.