QUÉ HACEMOS
“El servicio Social Misionero consiste en ir en busca de los hermanos marginados u excluidos, promover condiciones de vida más humanas para que el hombre crezca y se desarrolle como persona” (Cardenal Ruffini)
La promesa del Servicio Social Misionero, especifica nuestra misión de servicio. Servicio ha desarrollar con competencia profesional en todas las formas requeridas por la naturaleza de la sociedad, poniendo el corazón en contacto con la pobreza, no solo del ambiente material sino también de la inteligencia y del espíritu.
La misión está dirigida a los hermanos que:
- Se encuentran en situaciones de pobreza que obstaculizan o dañan el desarrollo integral de la persona.
- Sufren en diversas y múltiples formas.
- En el mundo del trabajo, heridos en su dignidad, interpelan a la iglesia y a la sociedad..
Son premisas fundamentales de la misión:
- La estima profunda por el hombre, hijo de Dios, redimido por Cristo y en Él llamado a la plenitud de la humanidad.
- El respeto a la libertad de persona creada por Dios capaz de opciones responsables; por tanto le corresponde el derecho a ser protagonista de su promoción y liberación.
- La confianza en la capacidad de cambio del hombre y la conciencia de que, disponiendo de las condiciones adecuadas se facilita su apertura a los valores más altos y su adhesión a Cristo.
- La conciencia de que nuestra acción se inserta en el proyecto de Dios de formar familia y vivir como hermanos.
El servicio misionero está orientado a:
- La promoción de formas de participación que contribuyan a la superación del individualismo y a la construcción de relaciones caracterizadas por la fraternidad;
- La superación de las alineaciones e instrumentalizaciones que impiden el crecimiento de la persona;
- La prevención, para intervenir sobre las causas que confluyen al surgimiento de los problemas, fomentando servicios adecuados al desarrollo de las potencialidades de la persona.
- La identificación de los nuevos pobres y a la búsqueda de respuestas adecuadas a sus necesidades con la creatividad propia del amor,
- La formación de una recta conciencia moral y a la responsabilidad de cara al compromiso con las realidades civiles y eclesiales;
- La humanización de las estructuras, favoreciendo la adecuación o renovación de las mismas, para que sean más a medida de la persona;
- La sensibilización frente al respeto y la tutela de la dignidad humana y los derechos de la persona, teniendo presentes las necesidades de las personas más vulnerables.
- Un compromiso evangélico de intercambio y comunicación de bienes, con la conciencia de que compartir es ley del Reino;
- La animación evangélica del mundo del servicio y a la formación de profesionales y otros agentes sociales para ser “nuevos apóstoles de la caridad”;
La sociedad no excluye ninguna actividad comprendida en el ámbito de los servicios sociales; se presta a desempeñar su servicio misionero en obras propias, en organismos y servicios civiles(públicos y privados) y eclesiales, en los que sea posible y oportuna su actividad.