Número Extraordinario
(Diciembre 2006)
A Sor Esperanza,
siempre
en nuestro recuerdo

El 31 de octubre el
Señor llamó a Sor Esperanza y ella se fue silenciosamente como tenía siempre la
costumbre de actuar. Hizo tanto bien por donde ha pasado con su sencillez, su
discreción, su gran inteligencia y cultura, su delicadeza y ante todo con el
amor que manifestaba a todos.
Desde su
profesión en Paris donde había pasado el noviciado, estuvo en varias casas de
la Congregación de Nuestra. Señora de Sión, en Francia, en Túnez y en
Jerusalén. Sin embargo la mayor parte de su vida, 30 años, la pasó en España
entre Madrid y Barcelona.
Sor
Esperanza llegó a Madrid en octubre de 1959, cuando el proceso del nazi Eichman, que se celebraba en Jerusalén, era pretexto para
una nueva manifestación de antisemitismo en todos los Medios de Comunicación.
Rápidamente, como hacía
todo lo que emprendía, Sor Esperanza intervino en el Ministerio de Información y
Turismo y se suspendieron los artículos que provocaban sentimientos
antisemitas.
Luego nació la primera Amistad
Judeo-Cristiana de España en cuya fundación Sor Esperanza, junto con amigos de
la Comunidad Judía de Madrid, tuvo un
importante papel.
No fue únicamente en
Madrid, sino en muchas ciudades españolas, donde Sor Esperanza dio
conferencias, llevando el ideal del respeto y del entendimiento entre judíos y
no judíos.
La idea de fundar un
centro de estudios más profundos del judaísmo y de las raíces judías del
cristianismo fue también su idea. Este centro fue erigido por el Arzobispado de
Madrid en “Centro de Estudios Judeo-Cristianos” que hoy, gracias a todas las riquezas
espirituales e intelectuales nos legó en herencia, puede desarrollarse tal como
se conoce en España y en el extranjero.
De la Entesa Judeo-Cristiana que fundó
en Barcelona, nos hablarán ciertamente los que allí trabajaron con ella.
Sor Esperanza nos dejó
también muchos artículos en la revista El Olivo, de temas tan diversos como la
mística judía y cristiana, los filósofos como Emmanuel Levinas,
sabios de la edad de oro del judaísmo español o de la época actual como Abraham
Heschel y también sobre el Israel moderno. En total
son 23 artículos de una rica enseñanza para los que queremos desarrollar
nuestras relaciones.
También lo son los dos libros que
escribió, el primero “¿Silencio o
ausencia de Dios?” un ensayo sobre el problema de Dios después de
Auschwitz, en la obra de tres autores judíos contemporáneos, en los que subraya
tres respuestas: “la confianza incondicional en Dios” de Wiesel,
“la esperanza en el hombre” de Bloch y “la
disponibilidad total respecto a Dios de Neher”.
En el segundo libro “Aportación de un judío a la Iglesia” analiza con gran claridad el
pensamiento de Jules Isaac y su contribución a la Declaración Conciliar “Nostra Aetate”.
Solamente podremos agradecer a Sor Esperanza su legado,
si continuamos trabajando para desarrollar un conocimiento cada vez más
profundo de las raíces judías de la fe cristiana y unas relaciones de respeto,
colaboración y amistad con la comunidad judía. Sor
Ionel
š›š›
Emocionado recuerdo de Sor
Esperanza
Dicen que la desaparición de cada persona querida
deja un hueco en la vida de los que la sobreviven. Depende de cómo se entiende
tal hueco, en todo caso esto será cierto en cuanto a la vida diaria, donde por
supuesto la presencia se echa a faltar. Pero en el pensamiento no hay tal
laguna, la memoria conserva en sus estantes multitud de huellas, vivencias,
lecciones aprendidas, la imagen de una sonrisa, la luz de una mirada, la
resonancia de una voz. ¡Y cuántos gestos de magnanimidad! Lo que se percibe no
es carencia, sino toda una plenitud, y agradecimiento inmarcesible por lo
recibido.
Son premisas que me sugiere el óbito de Sor Esperanza, y comparten
conmigo esta sensación cuantos la hemos conocido en Barcelona. Han sido muchos
años de devoción a una causa y a una ideología, de dedicación plena e
incansable al servicio del conocimiento y del respeto mutuo sin hacer
distinción entre confesiones o concepciones diversas de la existencia, con su
ejemplo de amor a la vida y al prójimo.
Imposible resumir aquí las dádivas de una trayectoria tan larga, rica y
fecunda. Para su centésimo cumpleaños (febrero de 2004) nos reunimos con Sor
Esperanza en su retiro de Bayona un
grupo de amigos judíos de Barcelona, y durante el viaje cada cual evocaba sus
recuerdos: las visitas de la hermana a los ancianos o enfermos, sus
sacrificados viajes a diversos lugares de Cataluña para la preparación previa
de aquellas memorables excursiones de arte, divulgación histórica y
confraternización interconfesional, sus doctas y sin
embargo entrañables conferencias, las muy numerosas veladas basadas en la noche
del Séder (la Pascua Judía que también Jesús
celebró), la luminosa belleza de sus acuarelas, y muchas otras cosas que no
caben en estas apresuradas notas.
Hace veinte años Esperanza Mary escribió, sobre
Jules Isaac, La aportación de un judío a la Iglesia (y vale la pena releer
el prólogo de su editor Rafael Vázquez acerca de la autora). Alguien deberá un
día escribir un libro titulado La aportación de una monja al entendimiento
judeocristiano.
El recuerdo de Sor Esperanza, junto al de las
Religiosas de Nuestra Señora de Sión que durante décadas compartieron con ella
sus afanes y tareas, Sor Soledad y Sor Xaverita, arderán
siempre como una mecha en nuestro corazón.
Jaime Vándor (Barcelona)
š›š›
Hace más de veinte años conocí a Sor
Esperanza y mi trato con ella fue bastante intenso pues convivimos en el Centro
una temporada, así como con Sor Ionel y otras Religiosas.
Compartimos
momentos de oración, mesa y mantel, actos culturales y sobre todo largas
charlas que nunca olvidaré.
Con
su dulce mirada (“que a mi me recordaba a la Imagen de la Virgen de la
Capilla”) te hacía relajarte y sentirte tranquila, cómoda y feliz. Su
conversación siempre amena, constructiva y amable te transportaba a un espacio
superior, como si salieras de este mundo tan difícil y duro y entraras en otro,
amable y sin problemas.
En cuanto a su
inteligencia, ¿qué voy a decir?, para mí es difícil de calificar.
Dios nos la dejó
muchos años porque creo que era muy necesaria para todo el mundo, e hizo tanto
bien que ahora se la ha llevado, mientras dormía, directamente al Cielo. ¿Por
qué la iba a hacer sufrir más? Ella lo dio todo y a todos a lo largo de su
intensa vida.
La última vez que la vi fue en Bayona cuando cumplió 100 años. Ya estaba algo delicada y “viejecita”, pero su cara y su sonrisa seguían
siendo las mismas de antaño. Como un Ángel … la Virgen
de nuestra Capilla.
Sólo nos queda, más
que pedir por ella, rogarla que cuide de nosotros y que desde el Cielo nos guíe
y nos eche una mano para seguir luchando en este mundo que sigue siendo tan
difícil y tan duro, o más, que hace veinte años.
Nunca la olvidaré.
Pilar Velasco
š›š›
Sor
Esperanza Mary
Desde el momento en que la
conocí, Sor Esperanza suscitó en mí un sentimiento de respeto por su saber y de
confianza por su cercanía y buen hacer. Con la delicadeza y la suavidad que la
caracterizaba no dudaba en preguntar e inquirir hasta hacerse una idea completa
de lo que uno decía o pensaba sobre un tema o un problema, para entonces aportar,
humildemente pero con decisión, su opinión sobre el asunto. Su libro sobre
Jules Isaac (La aportación de un judío a
la Iglesia, Riopiedras 1986) fue para mí una
verdadera revelación clarificadora: de forma concisa y sistemática, con
palabras y textos del autor judío, Sor Esperanza repasaba y rebatía uno por uno
todos los tópicos antijudíos tan enraizados en el mundo católico y aportaba
además la correspondiente visión positiva. En la comprensión y valoración del
Judaísmo hay en mi vida un antes y un después de la lectura de ese libro.
Gracias Sor Esperanza!
Luis-Fernando Girón Blanc
š›š›
In
Memoriam
El recuerdo del pasado termina
cautivándonos. De igual manera su memoria causa soledad al que lo ha perdido.
El recuerdo de Sor Esperanza reproduce soledad y me cautiva a la vez. En ella
perdimos los antiguos fundadores de la Amistad judeo-cristiana un trozo de
nuestra vida de los que quedan los recuerdos del corazón. Es muy hermoso recordar
lo que hemos amado. Calderón llamó a la memoria alhaja de desdichados. No obstante, la tristeza nos obliga a
recordar y a rezar.
RECUERDO
a Sor Esperanza en momentos de felicidad, cuando un pequeño grupo formado por
judíos, religiosas de Nuestra Señora de Sión y
sacerdotes alumbrábamos en Madrid la Amistad Judeo-Cristiana. La recuerdo
rezando cabizbaja mientras los hermanos judíos cubrían su cabeza, cantando con
ellos en al sinagoga, celebrando nuestros pequeños éxitos cuando removíamos en
conferencias y coloquios alguno de los muchos prejuicios antijudíos, que los
siglos depositaron en el corazón cristiano; viéndola con la faz iluminada en la
paraliturgia judeocristiana en Santa Rita, en la que
por primera vez en varios siglos habíamos rezado juntos judíos y cristianos; la
recuerdo tratando de consolarme ante el dolor sufrido, la recuerdo caminando
por las calles y plazas de Madrid pregonando su mensaje de amor al primer
pueblo de Dios.
IMAGINO
a Sor Esperanza mirando al cielo de Francia donde había nacido, con sus ojos
penetrantes, cara de buena y pasitos cortos pensando en Aquel que dirige las
estrellas, añorando los buenos tiempos del carisma que había profesado,
reviviendo el amor con que escribió el libro La Aportación de un Judío a la Iglesia, pensando acompañada por las
hermanas ancianas, en un tiempo que no volverá. Me imagino a Sor Esperanza,
camino del centenario de su vida, confundiendo tantos buenos recuerdos con su
corazón, levantando el vuelo de su fantasía hacia el encuentro con su Dios.
VEO
a Sor Esperanza convertida en luz diciéndome ahora: el cielo es amor, claridad, felicidad, infinitud, eternidad… el cielo
es Dios. Mi ordenador no es capaz de expresar los sentimientos del cielo.
Nadie puede describir el cielo de Sor Esperanza. Mi emoción sube de punto
pensando en el judío Jesús, que saliendo a su encuentro y cambiando algún tanto
las palabras que nos dejó en el Evangelio, le dijo cerrando sus ojos a la luz
del sol: Ven, bendita de mi Padre, porque
has amado mucho a mis hermanos.
P. Jesús Álvarez Maestro
š›š›
Con profunda tristeza hemos recibido la
noticia del fallecimiento de Sor Esperanza. Sor Esperanza, a quien hemos
conocido, era una persona que luchó en todos los foros por el entendimiento
entre católicos y judíos, reconociendo que los raíces
de las dos religiones tienen la misma fuente: el Dios único de Abraham, Isaac y
Jacob.
Estamos seguros que el alma de Sor
Esperanza está recogida en el seno de Dios, desde donde puede actuar a favor de
la misma labor que ella desarrolló en este mundo.
Katy
y Joseph Bohrer
š›š›
"Me temo que este
homenaje va a ser más personal que enfocado hacia la inmensa tarea desarrollada
por la Madre Esperanza Q.E.P.D.
Casi mis primeros recuerdos
son a la edad de cinco años, como todos, y esos primeros recuerdos incluyen a
una monja que venía a mi casa a charlar con mi padre, yo no sabía entonces de
qué, y que al final de su visita insistía en sentarse en mi cama o en la de mi
hermana, hacernos una caricia, darnos un beso o varios, y hablarnos con
cariño. Y yo le preguntaba a mi padre si siendo judíos estaba bien ser
amigos de las monjas ... Mi padre sonreía.
Con siete años, en 1962,
me expulsaron de clase por negarme a leer un libro de texto que contenía
referencias al sacrificio ritual de niños cristianos para que los judíos bebiéramos
su sangre. La Madre Esperanza me acompañó al Liceo Francés para explicarse
con la dirección del Centro, a petición de mi padre. Ver a esa mujer
francesa de alta cuna reprender con amabilidad y firmeza a mis profesores y
directores fue toda una experiencia, pero ya no le pregunté a mi padre el
motivo de nuestra amistad con ciertas monjas.
Poco sabía yo de la
exitosa campaña emprendida por la entonces Amistad Judeo-Cristiana para
modificar los libros de texto ofensivos hacia nosotros.
Los destinos me llevaron a
estudiar en otras latitudes, pero a mi regreso a España, y tras mi integración
en las estructuras de la Comunidad Judía, pude seguir comprobando la labor
extraordinaria que realizaba. Poco antes de su jubilación tuve ocasión de
intervenir con ella en la repuesta internacional a la crisis abierta por el
Convento de las Carmelitas en Auschvitz: yo argüía a
favor de la universalidad de la oración a un mismo D., y ella hablaba de la
precedencia judía en todo lo relativo a los campos de exterminio. Y yo me
decía, que tonto sería yo a los cinco años ...
Cada vez que volvía a
Madrid, pedía verme. Su fuerza de fe me permitió sobrellevar la muerte de
mis seres más queridos, porque yo sabía que ella también los amaba sinceramente.
Quince minutos con ella eran un regalo en un día muy ajetreado. Me seguía
mirando con esos ojos claros, evocando mi niñez y dándome paz.
Cuando Sor Ionel me
comunicó la noticia de su fallecimiento, no pude contestarle. Todavía no
puedo. Sé que hizo un bien inmenso, pero los que lean estas líneas me
perdonaran que sólo recuerde ahora el amor sincero de una monjita que me daba besos
antes de acostarme".
Mauricio
Toledano
š›š›
Al principio de los años 60, y poco
después de nuestra llegada a Madrid, conocimos mi marido y yo a Sor Esperanza
de Sión.
En
aquel momento surgían en España brotes de antisemitismo, tanto en la televisión
que empezaba, como en varios libros de texto en colegios privados. Un grupo de
personas de buena voluntad entre las cuales destacaron Sor Esperanza y mi
hermano Samuel Toledano, decidieron entonces iniciar una lucha en contra de
todos los prejuicios raciales y religiosos. Un poco más tarde se unió a ellos,
a su llegada a Madrid, Sor Ionel Mihalovici, y junto realizaron una magnífica
labor de acercamiento entre judíos y cristianos.
Sor
Esperanza unía a una gran cultura un notable don artístico. En Rosh Ha Shana, el año nuevo judío
nos enviaba unas preciosas tarjetas dibujadas y pintadas por ella. Recuerdo
también entre tantas horas inolvidables vividas en el Centro de Estudios Judeo
Cristianos a dos conferencias de Sor Esperanza. En la primera, cuyo tema era la
historia de las puertas de Jerusalem, unió el dibujo a la palabra. Colocó un
gran lienzo en la pared y dibujó en él a todas las puertas de las murallas.
Después las describió una por una haciendo referencia a la historia de cada
una. En otra habló de dos escritores israelíes contemporáneos, Amos Oz y A.B. Yoshua,
analizó sus obras con mucho amor. Destacó como lo habían hecho los escritores
israelíes, las dificultades y los problemas que asediaron a Israel antes y
después de su reconocimiento por las Naciones Unidas.
Sor
Esperanza vivió su larga vida en varios países; Francia, Túnez, España y en
todas dejó un recuerdo imborrable.
Stella y Joe Lasry
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Una mujer bíblica
Como la conocí en buena
salud y hace tantos años dejé de verla, me pregunto ahora cómo vi a Madre Esperanza cuando la conocimos.
Mujeres
bíblicas, nos parecieron las Hermanas de Nuestra Señora de Sión, brotadas de
las páginas del Libro Sagrado.
Suavemente,
Sor Esperanza nos envolvió a judíos y cristianos en una atmósfera de amistad,
cristalizada más tarde en el Centro de Estudios Judeo Cristianos, ahora
sostenido por Sor Ionel. ¿Que si era inteligente? Hasta impresionarnos. Y
siempre humilde; sin alzar la voz, impulsó media docena de iniciativas entonces
impensables.
Sor
Ionel avisa que Madre Esperanza ha muerto. Desde la Otra Orilla está con nosotros.
Nos acompaña su amabilidad, su saber hacer, su talento. Sembró generosamente. A
judíos y cristianos españoles nos hizo pasar de respectivos monólogos desconfiados,
a un diálogo de conocimiento mutuo.
Me
atrevo a pedir a Sor Ionel que me envíe una foto de Madre Esperanza: quisiera ponerla
de señala libro entre las páginas de mi Biblia; ella es para mí un símbolo
claro de la suprema Alianza, con el Señor y con los Hermanos.
José
María Javierre
(Sevilla)
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Conocimos tarde a Sor
Esperanza Mary, cuando ya residía en Bayona, pero aun
en activo y con deseos de servir a la amistad entre judíos y cristianos,
carisma al que consagró su vida, como modélica Hermana de la Congregación de
Nuestra Señora de Sión. Sor Esperanza tuvo la gentileza de trasladarse a
Valencia en compañía de Sor Ionel para impartir sendas conferencias, una en
Abril de 1996 y otra en Marzo de 1997.
Así los miembros de la
Amistad Judeo-Cristiana de Valencia tuvimos el privilegio de conocer a la que
sin duda fue pionera y fundamento de las amistades judeo-cristianas en España.
Reconocimos a una persona excepcional, que aunaba la inteligencia y la erudición
con un corazón de oro, una persona que con su sola presencia y su limpia
mirada, irradiaba paz, un alma blanca -Hada del Espíritu, la llamó Jaime Vandor- Los días que estuvo con nosotros, fueron
pletóricos; junto al embeleso de las conferencias, la recordamos como una
jovencita de noventa y tres años paseando por las calles de Valencia, entre
pasacalles de música y tracas en las Fallas, así como el tiempo que estuvo en
nuestra casa y la grata impresión que causo a nosotros y a nuestra hija que todavía
pregunta por ella.
Su memoria sea bendita y
que su labor fructifique para que haya mas religiosas como sor Esperanza Mary en la Congregación de Ntra. Sra. de Sión.
Paco Fontana y Rosa Vinat
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Sor Esperanza Mary
nació para amar y se atrevió a vivir para amar con la misma espontaneidad que
una niña juega, con el mismo empeño que una mujer trabaja, con la misma entrega
de la que sólo son capaces algunos seres excepcionales.
Su relación con el amor fue durante toda su
vida en esta tierra, un verdadero idilio. ¿Se imaginan ustedes amando al amor?
Pues ella lo consiguió. Y desde entonces ya no pudieron vivir el uno sin el
otro. Se necesitaban, se complementaban y acabaron siendo uno. "Te
desposaré para siempre, -se susurraban al oído, haciéndose eco de la promesa de
Dios a Israel en boca de Oseas el profeta del amor, te desposaré a precio de
justicia y derecho, a precio de bondad y cariño, me casaré contigo a precio de
fidelidad y conocerás al Eterno".
De ese infinito amor nos hablaron las
palabras y los silencios de Sor Esperanza, sus escritos en poética prosa, y
sobre todo su dulce y limpia mirada, siempre buscando a Dios en el corazón de
los hombres.
Creadora e inspiradora de la Asociación de
Amistad judeocristiana en cuyo seno tuve el privilegio de conocerla, supo contagiar
a todos sus colaboradores, su férrea determinación en el combate contra el
antisemitismo y en la lucha por el mutuo aprecio entre judíos y cristianos.
Sintió como propia la angustia del hermano
judío incomprendido, discriminado, perseguido y desde entonces, no calló. No le
importó nunca el color del solideo. Dirigiéndose por igual a rabinos y obispos,
les habló de su sueño y les contagió su dulce energía.
Por eso quizás hubo en la vida de los
numerosísimos amigos de Sor Esperanza un antes y un después de conocerla. El
antes quedó atrás. Importaba el después: esa mirada nueva que ella supo
enseñarles a posarse acariciándolos, sobre el mundo y los textos sagrados,
prescindiendo de tabúes y mitos, de tópicos y recelos. Había nacido una mirada
dirigida sencillamente al hombre, muy parecida a la de sus bellos ojos cuando descubrían un cielo por fin habitado.
Quedamos a la espera de su próximo mensaje,
el que ha de brotar de la siembra que puso en nuestros corazones.
Baruj Garzón
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En recuerdo de las muchas
pinturas, expresión de su sensibilidad artística que Sor Esperanza nos dejó,
reproducimos una de sus acuarelas preferidas.
