ÁFRICA

Conflictos olvidados

 

África es un mundo de conflictos. Raro es el país sin fuertes tensiones sociales, políticas o étnicas, de las que no está libre Sudáfrica, con su alto nivel de delincuencia, su apartheid económico, sus grandes desigualdades, sus problemas de paro y de inmigración ilegal. En Zimbabue las tensiones arrancan de la política opresiva del gobierno hacia la oposición, de la expropiación de propiedades agrícolas y de una economía a la deriva. Nigeria está aquejada por conflictos étnicos y por maniobras políticas disfrazadas de conflictos religiosos como es la declaración de la ley islámica en algunos Estados del norte. La Comisión para la Reconciliación no ha logrado la comparecencia de algunos jerarcas militares convocados ante ella y el gobierno lucha contra la corrupción con un éxito limitado.

Hay también países con conflictos armados más o menos antiguos, más o menos activos, pero siempre latentes y peligrosos. El gobierno del Chad se enfrenta a una rebelión armada en el norte. Costa de Marfil y el Congo-Brazaville intentan procesos de reconciliación sin éxito, por empeñarse en excluir a importantes agentes de la vida política. Eritrea y Etiopía siguen sin resolver sus problemas de fronteras. Continúan armándose con un despilfarro de unos recursos que necesitan angustiosamente para su desarrollo. El Polisario y Marruecos, con las espadas en alto, en el Sahara Occidental, vician además las relaciones entre Marruecos y Argelia enturbiando las de España. En Argelia continúan las matanzas y la rebelión bereber sigue en pié de guerra. Senegal no termina de resolver el problema independentista de Casamance ni las Comores el separatismo de Anjuan. En la República Centroafricana se suceden los motines en los cuarteles y los intentos de golpe de estado y, lo que es peor, no se han resuelto los problemas sociales y económicos que los ocasionan. Guinea-Bissau, democracia reciente, tiene al parlamento enfrentado con el presidente y a éste con el sistema jurídico, mientras que el pueblo exige entendimiento y moderación. El gobierno de Guinea Ecuatorial no ha logrado integrar a la oposición que, en el exilio aunque inoperante, permanece expectante.

El mayor conflicto armado actual de África es el de la R. D. del Congo: la “primera guerra mundial de África”. En ella están envueltos, por una parte y en contra del gobierno, Uganda Ruanda y Burundi más los grupos rebeldes a quienes apoyan. A su vez, Ruanda y Burundi se ven aquejados de conflictos endémicos internos. Son dos dictaduras militares de etnias minoritarias que intentan solucionar sus problemas cada cual a su manera; Burundi compartiendo el poder con los opositores hutus; Ruanda intentando convencer a todo el mundo de que el problema no existe, a la vez que controla el país con mano de hierro y proyecta el problema allende sus fronteras dándose razones para invadir la R. D. del Congo. Uganda sufre sus propios movimientos de resistencia armada interior y manipula las elecciones para contener a la oposición. El gobierno congoleño, que tampoco es legítimo, está apoyado por Angola, Zimbabue y Namibia. Hay en curso un proceso de reconciliación que comporta el desarme de las milicias, un diálogo ínter congoleño (que está en proceso aunque progresa lentamente) y una retirada de los ejércitos extranjeros a la que se opone Ruanda. Entretanto, todos se dedican a expoliar los inmensos recursos y riquezas del país.

Angola, además de estar implicada en la guerra de la R. D. del Congo, mantiene una guerra civil desde hace unos treinta años con la UNITA. La sociedad civil y la Iglesia piden una solución pactada pero el gobierno se resiste ya que UNITA aprovechó un acuerdo anterior para reorganizarse y rearmarse. UNITA estaría dispuesta a entablar conversaciones de paz; pero el gobierno no parece dar una respuesta clara y pretende que la guerra está prácticamente terminada ya que, según ellos, UNITA sólo tiene tropas “residuales”. Esto no le impide lanzar ataques mortíferos sobre el territorio controlado por el gobierno.

El conflicto de Sudán es otra de las guerras endémicas y olvidadas, que ha hecho ya más de dos millones de muertos y varios millones de desplazados y refugiados. Comenzó en 1955 y dura desde entonces con una interrupción de diez años entre 1972 y 1982. Se han celebrado innumerables conversaciones de paz que el gobierno utiliza para ganar tiempo y así fortalecer su posición. Esta contienda ha sido presentada como un conflicto religioso y, sin duda, la introducción de la ley islámica tuvo mucho que ver con el relanzamiento de las hostilidades en 1982. Con todo, sus causas son también de índole económica y política. El gobierno fundamentalista islámico está cometiendo atrocidades sobre todo con la población de los territorios ricos en petróleo con la complicidad de las compañías petrolíferas que exigen seguridad para continuar sus prospecciones y explotación. Con el dinero del petróleo, el gobierno financia la guerra potenciándola. A causa de los intereses ligados al petróleo, la Unión Europea se está dejando convencer de los avances democráticos del gobierno de Jartum, que, por otra parte, tolera y hasta promueve la esclavitud como medio de debilitar a sus adversarios.

La situación de Somalia es igualmente trágica y confusa. Desde 1990 se debate entre la desintegración y la recomposición. Actualmente se compone de un Estado autoproclamado independiente, Somalilandia. Sin estar reconocido funciona bastante bien. Puntlandia se declara región autónoma y el Estado central no termina de imponerse a los señores de la guerra. Un cierto número de estos señores campan más o menos a sus anchas. El gobierno central pide ayuda a la comunidad internacional para no caer en la desintegración total.

Finalmente existe un conflicto en África occidental que envuelve directamente a Guinea-Conakry, a Sierra Leona y a Liberia. Cada uno de estos países tiene conflictos internos con oposiciones armadas; pero, recientemente, hemos asistido a una escalada internacional del conflicto con ataques de tropas guerrilleras contra los gobiernos y con respuestas de las tropas gubernamentales a través de las fronteras de uno y otro país. Entre los guerrilleros había mercenarios de otros países vecinos, con lo que el conflicto hubiese podido tomar proporciones de otra guerra regional. Las actividades militares han amainado pero el conflicto sigue latente ya que perduran los ingredientes que lo componen.

 

Bartolomé Burgos

Director de CIDAF