PIGMEOS:

El Bosque de la Desesperanza

 

              En el este de la RDC asolada por un conflicto que no termina, los Pigmeos Twa         parecen vivir sus últimos años. Este es el actual estado del descenso a los infiernos de este pueblo eternamente olvidado.

  Si les sorprendemos por causalidad, las miradas vacías, los rostros extraviados y los mugrientos harapos que difícilmente pueden denominarse ropa, dicen mucho sobre la situación de los Pigmeos Twa supervivientes en la región Bukavu.

Aquí, en Kivu, en esta provincia de la República Democrática del Congo controlada por los rebeldes nadie da nada por el futuro de aquellos que probablemente fueron los primeros habitantes del África Ecuatorial.

Alrededor de los poblados Twa, algunos árboles nos recuerdan el gran bosque que les sustentaba antaño. El tiempo en que estos pequeños hombres podían vivir en el corazón de la jungla ha quedado atrás.

Las montañas sagradas de Kahuzi y Biéga dominan estos poblados moribundos. Sus bosques alojan familias de elefantes nómadas que se desplazan al antojo de las estaciones, buscando el frescor de las altitudes y replegándose frioleramente en las tierras bajas en los meses de junio y julio. Este complejo ecosistema, atrajo el siglo pasado la atención de los colonos belgas. Los vastos territorios de caza, habitados por los espíritus de los ancestros de los Twa y su apacible y escasa descendencia determinó la creación del Parque Nacional de Kahuzi-Biéga.

Los pigmeos utilizados como guías por los colonos cazadores, fueron rápidamente considerados como un estorbo y una amenaza para la fauna del parque. Desde la legalización oficial del santuario, en 1958, los 3 distritos bantúes de Kabare, Kalonge y Naninja recibieron compensaciones financieras a título del canon habitual. Los pigmeos no dieron importancia a ninguno de estos sucesos y de esta forma fueron apartados de un metódico proceso que suponía su expulsión.

Cazadores y Alfareros

Mientras tanto, los Twa no subsistían únicamente de la selva. Tras largo tiempo de contacto con las diversas etnias de Kivu, se encontraban integrados en un vasto sistema sociocultural y económico, en el que interpretaban el papel de alfareros, músicos o trabajadores temporales para los sedentarios bantúes. Además los productos obtenidos de la caza eran y son en gran medida destinados a la venta a estos últimos. Los conservacionistas justifican así el cierre del parque, afirmando que los Twa no cazan únicamente para sobrevivir, sino que utilizan la caza furtiva como un medio para conseguir dinero...

Este desplazamiento forzoso habría podido realizarse sin demasiados enfrentamientos si no fuera por el exceso de población existente en Kivu. La explosión demográfica de las últimas décadas ha hecho que la densidad de población se incremente a 300 hab/Km2 en determinadas zonas. Tras los trágicos acontecimientos de Ruanda, los numerosos refugiados han agravado la presión sobre el entorno y las tensiones inter-étnicas. Hoy, fuera del parque, la deforestación es espectacular. Los Twa no encuentran más que algunas ratas al borde de sus nuevos poblados. Y los Bantúes que antes utilizaban su talento de artesanos y músicos, prefieren hoy los recipientes de vidrio o de plástico y organizan menos festejos.

  En consecuencia, la malnutrición, la mortalidad infantil y las enfermedades, asolan a esta pequeña comunidad. Y la realidad es que, arrancados de lo que los aventureros denominaban el “infierno verde”, los Pigmeos se debilitan.

Parque Saqueado

  El parque prohibido de Kahuzi-Biéga cobra cada día mayor importancia. Hoy los Twa reivindican el derecho de caza en parte del parque. Pero los Bantúes carentes de tierras ambicionan también parte de este territorio. La protección de la naturaleza es un concepto extraño que parece absurdo para estos cultivadores empujados por la miseria y la superpoblación.

  Por tanto, el Parque Nacional de Kahuzi-Biéga no es el santuario de la Naturaleza que se pretendía. Este parque amparó a numerosos refugiados ruandeses, los Hutus, entre los que se encuentran antiguos interhamwe que se han ido convirtiendo progresivamente en simples bandidos. “No se puede encontrar ningún refugiado ruandés en los distritos. Se encuentran en la selva, ellos tienen los campos y tienen hambre, atacan y saquean a los Congoleses y matan a muchos de ellos. Esta claro que si ellos regresan a Ruanda, serán considerados interhamwe y serán abatidos” afirma un responsable Twa en Bukavu. Según este mismo responsable, 9000 personas extraen clandestinamente de las entrañas del parque, el preciado coltán, un mineral que contiene un metal, indispensable para la fabricación de los GSM[1]. El coltán es dirigido hacia Ruanda desde dónde se exporta hacia Europa. El 16 de abril de 2001, un informe emitido por la ONU, denunciaba la implicación de Sabena, Segem (filial de la Unión Minera) y otras 11 sociedades belgas en este lucrativo comercio. Ruanda habría obtenido con este tráfico 12 mil millones de francos belgas, encontrando de esta forma el medio para financiar sus operaciones militares en la RDC. Enfrentada a este embarazoso informe, Bélgica mantiene un completo silencio radiofónico.

  La expulsión de sus territorios, el saqueo de su subsuelo y el empobrecimiento no son las únicas preocupaciones de los Pigmeos. Aprovechándose del extremo desamparo de los Twa, las sectas se instalan en los poblados, aconsejando el abandono de la identidad cultural pigmea y la oración como única solución. Mientras las etnias de Kivu, presas también de dificultades económicas y políticas crecientes, se enfrentan en combates homicidas. Los Lindus (pueblo bantú forestal) utilizando su influencia sobre los pigmeos los han adherido a su causa en el enfrentamiento que mantienen con los Hémas (congoleños nilóticos). De este modo, los pacíficos cazadores se encuentran entre dos fuegos en un conflicto que no les concierne. Y en este anárquico contexto, las bandas armadas arrebatan a las familias twa sus escasos bienes: herramientas, artesanía.

Universitario Twa

  Frente a la amplitud de sus problemas, los Twa tienen muy difícil reaccionar. Un universitario Twa ha creado una organización con base en Bukavu, el Programa de Integración y Desarrollo del Pueblo Pigmeo (PIDP). Si esta organización realiza una buena labor de información a pesar de las dificultades de comunicación existentes (nos encontramos en zona rebelde), su representatividad está por probar, algunos de sus proyectos dan que pensar: la creación de un museo y el desarrollo del turismo no parecen que vayan a ser las soluciones a un país arrasado por la guerra. Las urgencias parecen ser otras.

En espera de un hipotético giro de la situación, las oportunidades de sobrevivir de los Twa parecen estar peligrosamente amenazadas. Marginados, expoliados, desarraigados y en lo más bajo de la escala socioeconómica, los Twa ven a los pueblos dominantes de la región y a los refugiados ruandeses disputarse lo que en otro tiempo fue su paraíso de caza. ¿Hasta dónde llegará su facultad de adaptación y su sorprendente capacidad de resistencia cultural?.

Paul Lorsignol

Demain le monde, Belgique, octobre 2001

 

El Pueblo Pigmeo

Los Pigmeos vivían tradicionalmente de la caza y de la recolección, son probablemente los primeros habitantes del África Ecuatorial. Presentes en Ruanda, Burundi, Uganda, RDC, Congo Brazzaville, Gabón, República Centroafricana y Camerún, serán hoy en día aproximadamente 200.000. Dispersos en islotes de población, se encuentran cada vez más enfrentados a la deforestación, a los gobiernos que quieren transformarlos en sedentarios, y a la influencia cada día más fuerte de los Bantúes que a menudo se consideran propietarios de “sus” Pigmeos. En Camerún, el oleoducto Tchad-Camerún representa una amenaza real para los Pigmeos Gyélis.

(Ver periódico ICRA nº 34)

Traductora: Montserrat Sánchez


[1] El coltán es saqueado de la misma forma al norte de Kivu, exactamente en la región de Virungas.