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Colegio Marista Champagnat de Salamanca |
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7.-SEIS ANÉCDOTAS DE LOS PRIMEROS MARISTAS
A.-UN PASTOR QUE GANA EL CIELO ( H. Doroteo )
Un día un sacerdote, conocedor de la virtud del hermano Doroteo, le halló guardando las vacas. Se entabló entre los dos este diálogo:
- ¿Qué está haciendo usted, hermano?
- La voluntad de Dios, padre.
- ¿Qué gana con su oficio de pastor?
- El paraíso.
- ¡Ganar un pastor el paraíso! ¿Está usted seguro de ello?
- Segurísimo. ¿No ha dicho Jesús: el que hace la voluntad de mi Padre entrará en el Reino de los Cielos?
Pero, ¿cómo sabe usted que cumple la voluntad del Padre Eterno?
- Muy sencillo: cumplo la voluntad de mi superior.
B.-EL RAMILLETE ESPIRITUAL ( H . Niceto)
Un hermano se encontraba bastante molesto porque tenía algunos problemas con los de su comunidad. Su enfado le llevó a empezar una carta a los superiores con todas esas quejas. En esa circunstancia estaba, cuando se le acercó el H. Niceto, que era buen amigo suyo, y le dijo:
- Haga usted con estos disgustos un ramillete espiritual que puede ofrecer a la Virgen. A nuestra Madre del cielo le gusta más que las flores naturales, cuando se le presenta con todo el cariño de un hijo.
- No sé cómo se forman esos ramilletes espirituales.
- Se lo voy a enseñar. Miré, sé de un hermano que cada noche presenta a la Virgen todos los actos de virtud que ha tenido ocasión de practicar durante el día. Si le mandan una cosa difícil, la ejecuta sin quejarse, y recoge así la flor de la obediencia; si se le contradice, si le faltan en algo y no se tienen con él lo debidos miramientos o le molestan con palabras, se calla y recoge la flor de la paciencia; procura ser bondadoso con todo el mundo, para añadir al ramo de cada día la flor de la bondad y del amor; en vez de quejarse cuando le falta algo o no le convienen los alimentos, acepta estos sacrificios menudos y añade la rosa de la mortificación; además recoge cuidadosamente todas las flores de las virtudes que tiene que practicar en clase, y por la noche las ofrece todas juntas, en un ramo, a la Virgen, pidiendo que le perfeccione cada una de las virtudes representadas por dichas flores.
C.-HABITACIÓN LLENA DE ESTAMPAS ( H.Pascual )
Las paredes de la habitación del H. Pascual estaban materialmente empapeladas con estampas de santos y misterios por los que sentía más devoción. Alguien le , preguntó:
- ¿Qué pretende hacer con tanta imagen?
-No se preocupe -le dijo- Me traen de vez en cuando a la memoria algún . buen pensamiento. Mi piedad es tan floja que necesita esa clase de ayudas.
D.-EL RELOJ DE LA TÍA ( H. Pascual )
Durante su estancia en Valbenoite vino a verle su tía y le trajo un hermoso y un paraguas. El hermano no quiso aceptar el regalo sino en nombre de la comunidad y para el servicio de la comunidad. Se apresuró, pues, a entregarlo todo al superior, para que dispusiese de ello como le pareciera. Poco tiempo después fue a despedirse de los parientes antes de salir para el norte de Francia. Al verle sin los objetos que le había regalado, le dijo la tía:
- ¿Qué has hecho con el reloj? Si hubiera sabido que no ibas a guardarlo, no te lo habría comprado.
- Querida tía, no se arrepienta de los sacrificios que hizo por mí; aquellos objetos están ya en mejores manos que las mías. Los he ofrecido a Dios y a la W gen; serán de gran provecho para la congregación y se los agradezco igual que si los tuviera y usara yo personalmente.
E.-UN DELANTAL VALE MAS QUE 24 FINCAS ( H .Atalo )
Los padres del H. Atalo se opusieron durante mucho tiempo a que entrara de marista.
Un día vinieron a verle a La Cóte-Saint-André con la esperanza de llevárselo a su casa.
Su padre le había prometido hacerle en el acto heredero de todas sus fincas (era hijo único), valoradas en unos treinta mil francos, si consentía en quitarse el hábito y seguirle.
El hermano se enfadó al ver que se quería poner precio a su vocación y a su felicidad; se puso en pie, tomó en sus manos el delantal de cocinero y dijo a su padre con respeto y con firmeza: "Padre, me duele mucho que ponga precio a mi vocación. Sepa usted que la estimo más que todos los tesoros del mundo. Puede usted traerme veinticuatro fincas como la que tenemos en el pueblo: no se las cambio por este delantal de cocinero. Por favor, no vuelva a hablarme de abandonar la vida marista, en la que me siento tan feliz y a la que, con toda seguridad, Dios me llama."
F.LA CARRETILLA Y LA ALEGRÍA DE LOS JÓVENES (H. Silvestre)
Los hermanos de un colegio se quejaron al padre Champagnat de la ligereza del H. Silvestre, el más joven de la comunidad, porque según ellos no pensaba más que en divertirse y en hacer niñerías, y causaba desorden en la comunidad.
- ¿Ese joven es activo y cumple bien su empleo?, les preguntó el Padre.
- Sí, cumple bien su trabajo, dijo el hermano director.
- ¿Y es piadoso y reza?, dijo Marcelino.
- Tampoco tengo nada que reprocharle en este punto, ni en ningún otro de su conducta, dijo el director, sino únicamente el excesivo gusto que siente por el juego, y lo excesivo y turbulento de su carácter .Se lo voy a pintar con un solo hecho de los mil que pudiera citarle y que le podría dar una idea de los extremos a que llega en este aspecto.
No hace muchos días, después de haberse divertido un buen rato en el patio corriendo con una carretilla, se metió con ella por la cocina y por las clases y acabó por subirla por las escaleras hasta la sala de profesores.
- El padre Champagnat conocía muy bien a aquel joven y le quería mucho por su jovialidad, docilidad y gran sencillez, junto a una profunda bondad, y dijo al y hermano director:
- Lamento que no haya subido la carretilla más que hasta la sala de profesores; si la hubiera subido hasta el desván, le hubiera dado un premio. Prefiero cien veces que se divierta de ese modo a que se quede quieto y aburrido. No veo qué mal pudo hacer con la carretilla. Opino que quien no obra bien es la gente seria: en lugar de prestarse a jugar con el joven, le dejan solo y se ocupan en el estudio o en hablar de cosas que les parecen importantes; si no tiene nadie con quien distraerse, ¿no es natural que juegue con lo que tiene a mano, por ejemplo, con la carretilla?
El padre Champagnat consideraba la alegría y el gozo como una señal de vocación y de vida sana, porque decía: "El que está alegre manifiesta que le gusta esa vida, que es feliz en ella, y que va superando las dificultades que se le presentan."