La Eucaristía, entrega y presencia, centró la vida de Santa Rafaela María.

La Adoración es para ella:

Acción de gracias "por tanto bien recibido".

Tiempo de súplica ante cualquier necesidad.

Espacio en el que se experimenta la misericordia de Dios y su ternura.

Lugar donde el corazón se llena de alegría porque se siente libre y solidario.

Para ser como JESÚS "pan que se entrega y vino que se ofrece".