Santa Rafaela María, no conoció sentimientos de
frustración ni de inutilidad. Supo pasar de las esperanzas puestas en sus
obras, a la certeza de la esperanza en el Dios-Amor, donde no cabe el fracaso
ni la desilusión.
Vivió la mística del ascenso y del
abajamiento con una profunda alegría, nacida de una plenitud de amor que la
desbordaba.
Plenitud de amor que se hizo
silencio,
adoración y cruz,
donación gozosa
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y
servicio a los
hermanos.