Jesús,
has venido a acompañarnos
para emprender con nosotros,
como hijo pródigo, lejos de la casa del Padre,
lejos de la gloria del cielo, el regreso.
Tu corazón siempre ha estado rebosante de nostalgia y amor:
tus palabras hacen que ardan de deseo nuestros corazones,
porque en ti encontramos a un hermano;
en ti descubrimos lo que significa hacerse solidario con los pobres,
con los miserables,
con los privados de todo,
incluso de la esperanza.
Jamás nosotros nos atreveríamos a presentarnos al Padre.
Te has vestido con nuestros jirones y has llamado el primero a la puerta.
Contigo,
detrás de ti,
hemos entrado nosotros,
y nos ha
sorprendido el amor.