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(1181-1226)
El
rey de la juventud Francisco
nace en Asís (Italia), de ricos padres comerciantes. Su riqueza, su
generosidad y su jovialidad le convierten en cabecilla de jóvenes
pandillas. Le llaman el
"rey de las fiestas". Era un muchacho común, como casi todos,
y un poco 1ocato". Francisco buscaba ardientemente la popularidad,
el éxito militar, el acceso a la clase dominante; pero Dios le salió
al encuentro por la experiencia del fracaso y la adversidad. Así le
condujo al descubrimiento del Evangelio Los
sueños de gloria Los
trovadores de proezas bélicas, le reavivan su sueño de gloria. Sin
pensarlo dos veces empieza entusiasmado los preparativos para la guerra.
Sería armado caballero, regresaría victorioso y alcanzaría la gloria
de los héroes. Después se desposaría con una gran dama. Se haría
famoso. La
primera noche de campamento y cuando se encontraba sólo, pudo resumir
las muchas sensaciones que había tenido esos días y se puso a orar. De
pronto empezó a sentir una sensación extraña; era así como la cercanía
de Dios. Y de un golpe comprendió
que Dios es el Señor más poderoso, el Jefe supremo, el Amo único al
que se debe servir. Se miró a si mismo y se vio como un hombre torpe y
engañado por el brillo de una gloria vana, seguidor de alguien que no
era más que un siervo. Una voz interior lo invitaba a dejar el camino
emprendido y volvió a Asís Banquete
de despedida No
fue fácil para él afrontar las iras de su padre, los reproches de su
madre y las burlas y sarcasmos de amigos y vecinos. No tenía explicación,
pero no se considera un cobarde. Sigue frecuentando sus círculos
juveniles y es en una fiesta donde recibe el bastón de rey de las
fiestas", donde toma la decisión de la despedida Más
que banquetes y fiestas bullangueras prefería compartir con lo pobres.
Con ellos se sentía a gusto, entregándose con lo generosidad que le
distinguía. Francisco sentía un exigencia de soledad cada vez mayor.
Poco a poco se fue habituando a la oración
y reflexión. Le urgía crear espacios para el diálogo con Dios. El
joven soñador Tomado
como prisionero de guerra, pagando así su idealización, en la cárcel
reaviva sus ideales e inquietudes. Pensaba en el futuro. Intuía que
estaba llamado a realizar algo grande, pero no sabía que. Vislumbraba
en la penumbra una luz algo incierto. Lo
que si veía con claridad era
que su futuro no podía estar ligado a los negocios de su padre. La cárcel
y la enfermedad acrisolaron sus ideales. Desde
aquí comenzó a mirar su vida con nueva dimensión, que después iría
perfilándose Todo
empezó a cambiar en el alma de Francisco: la compasión por los pobres
y enfermos comenzó a inquietarle. Al despedir bruscamente a un mendigo
siente revolverse su sentimiento de compasión y corre a pedirle perdón
y socorrerle. Esto era ya un gesto profético Su
padre, Pedro Bernardone, sintiéndose impotente frente a la terquedad de
su hijo acude ante el Cónsul de Asís. El juicio pasa al Obispo. Después
de que el rico mercader, casi a gritos, vomitó su andanada de
inculpaciones contra su hijo, siguió un momento de silencio. Francisco,
miró al Obispo, como implorando permiso y casi sin pensarlo, se quitó
uno a uno todos sus vestidos hasta quedar completamente desnudo; los tomó
entre sus manos, junto con el bolso de dinero y se los entregó a su
padre, mirándole fijamente con dulzura y con firmeza, mientras decía: "¡Pedro
Bernardone: Toma lo que te pertenece. Ya no serás mi padre. En adelante
sólo tendré un Padre, el del cielo" Más
destellos en su vida Desde
aquel día Francisco era otro. Todo ese largo proceso de búsqueda, de
preguntas sin respuesta, de dudas, de temores, de intentos fracasados y
hasta de cobardías quedaron atrás. Ahora su vida brillaba con nueva
luz. Había hecho una opción clara, determinante, definitiva: había
optado por Dios. Dios era su Padre y eso le bastaba. Era feliz. Se sentía
libre porque estaba despojado, desnudo, sin casa, sin apellidos, sin
profesión, sin amigos, sin prestigio, sin proyectos...Las cosas tenían
un resplandor nuevo. El mundo parecía recién estrenado, como hecho
para él. Los acontecimientos tenían para él otro significado El
descubrir con su experiencia que Dios era su Padre lo estaba llevando a
cumbres insospechadas y experiencias jamás pensadas. Sus razonamientos
daban paso a su confianza en Dios Padre. Así se sentía más seguro.
Caminando por el camino de Dios y descubriendo su propio proyecto. No
sabía donde estaba el final, ni cómo era, pero en cada curva
encontraba una sorpresa. La generosidad de una amigo, y sus servicios en
una cercana leprosería, la acogida cariñosa del cura de San Damián y
otros ordinarios quehaceres de la vida iban alegrando su vida y dándole
fuerzas para atreverse a mendigar en la propia ciudad de Asís La
paz por un beso Todavía
no veía claro. Claro veía la repugnancia de la obsesión capitalista
de su padre, las desigualdades sociales, la opresión que ejercía la
burguesía
sobre los pobres, la avaricia de algunos clérigos y el lujo en la corte
papal En
cierta oportunidad topa con un leproso pidiendo limosna. Se conmovieron
sus entrañas y sintió repugnancia y rabia al mismo tiempo. Quiso huir,
pero de inmediato una luz interior iluminó su cobardía. Y sin darse
tiempo a los reproches, se bajó del caballo, avanzó hacia el leproso,
le entregó un bolso de monedas y dejó en la mejilla el calor de un
beso. Tras esta batalla ganada consigo mismo, se sentía feliz. Había
triunfado. Y confesó: "Lo que antes
me parecía
amargo y repugnante, se me convirtió en dulzura del alma y del
cuerpo" Empiezan
a aparecer algunos rayos de luz En
esa incertidumbre sobre sí mismo, un día entra en la iglesia de San Damián
y se postra ante el crucifijo, mirando fijamente su rostro sereno. Le
pareció que con sus grandes ojos le señalaba las paredes ruinosas y
comprendió lo que debía hacer: "reparar
la Iglesia" . Aporta dinero para la reconstrucción
del templo, no sin tener que sufrir la cólera de su padre. Se refugia
en un escondite solitario. Apaga sus angustia en la oración, su cobardía
se atempera con el ayuno y se cambia en serenidad, que poco a poco se
trasforma en valentía Ya
no era el Francisco desconcertado e
inseguro, sino el hombre decidido que puede dar razón de su opción
y afrontar las consecuencias. Por ello ya no le importanbas
burlas de los grandes, las piedras de los chicos, los golpes de su
padre, que le encierra en su casa con cadenas.
Vivencia
de la verdad La
hostilidad de los vecinos de Asís iba poco a poco convirtiéndose en
admiración y cariño, hasta el punto de que algunos jóvenes comenzaron
a mirarlo en secreto. Entre ellos estaba la jovencita de noble cuna,
Clara de Asís, que después habría de ser la cofundadora de las
Hermanas Clarisas y ayudaría no poco a Francisco. Le gustaba escuchar a
Francisco porque en él veía no sé que de auténtico. Le parecía que
Francisco había encontrado la verdad, que vivía la verdad, todo tan
distinto de lo que veía en su casa y en su ciudad. Y la vivía hasta
soportar las peores pruebas, como el desprecio y sarcasmo de su hermano
y antiguos amigos. Tanto las experiencias alegres como las dolorosas
fueron templando y madurando su espíritu. Se sentía feliz. Ya
no sólo vivía la verdad, el evangelio, sentía la necesidad de
comunicar a los demás sus vivencias evangélicas. Esto le impulsaba a
predicar con pobres y sencillas palabras la palabra de Dios, alegrándose
no sólo de haber vencido una vez más el miedo, sino de estar
cumpliendo lo que había escucha en el Evangelio Encuentra
hermanos La
admiración secreta que iba despertando en algunos jóvenes se iba
haciendo cada vez más explícita, hasta que algunos comenzaron a
superar la barrera de sus temores y se decidieron a expresarle a
Francisco su deseo de vivir como él. Cuando le preguntaban qué debían
hacer, él les proponía acudir a Evangelio. Si para él había sido la
orientación definitiva de su vida, de igual forma lo debía ser para
sus hermanos. "Si quieres ser
perfecto, ve y vende todos las cosas y dalas a los pobres.. después sígueme
" Se
fueron uniendo algunos. Con el tiempo los hermanos comprendieron que debían
ganarse el sustento con el trabajo de sus manos, como lo hacían
los demás pobres, empleándose como jornaleros en la labranza de la
tierra y en los otros servicios más humildes de la ciudad. Pero también
dar testimonio de Cristo con su vida y con su palabra. Algunas correrías
apostólicas, le hicieron ver que el compromiso evangélico podía ser
norma de vida para todos los hermanos Por
eso se deciden a ir a Roma para que el Santo Padre apruebe su norma de
vida. Tras alguna peripecias y no pequeñas dificultades logra la
aprobación de la Regla que seria norma para la reciente comunidad de
hermanos, los Hermanos Menores en la Iglesia. Escuela
de aprendizaje Las
fraternidades iban creciendo en número, y en intensidad de vida
fraterna, espiritual y apostólica, vida en oración y contemplación,
retiro, trabajo, entrega a los pobres y marginados ... Tenían la mejor
escuela de espiritualidad práctica al lado de Francisco, quien era para
ellos el mejor libro de estudio con el espíritu de oración, su gran
capacidad de amor y comprensión a los hermanos, su pobreza y
desprendimiento admirables y ese servicio humilde y alegre que prestaba
a los leprosos La
estrechez y la pobreza de los lugares y los medios no eran óbices para
aprender el sentido de la fraternidad y el respeto a la otra persona. El
cariño fraterno que los hacía vibrar entre sí no les robaba el afecto
que debían prodigar a todos los demás, particularmente a los leprosos
y mendigos. Su espíritu
de oración no menguaba cuando salían a trabajar en las labores del
campo
mendigar. Su búsqueda de Dios no les desentendía de las cosas
terrenas sino que les ayudaba a iluminarlas El
enamorado de la naturaleza Para
Francisco la mejor escuela de aprendizaje era la naturaleza. Frecuentaba
los lugares solitarios llenos de vegetación. El mejor libro para
comunicarse con Dios era la misma naturaleza. Allí veía los
vestigios
del Creador: su bondad para el hombre, su belleza, la armonía, su
poder; todo le arrebataba en alabanzas, acción de gracias, exaltación
de Dios. A todos las criaturas las consideraba como hermano. Ha sido
proclamado Patrón del Ecologismo. Ver el bellísimo
Canto a las Criaturas La
hermana muerte Sintiéndose
enfermo, pregunta al médico, sobre la gravedad de su enfermedad. El médico
le responde: "Morirás muy pronto, pues tu mal no tiene cura'.
Reacción gozosa: "¡Bienvenida la
hermana muerte
". Después mandó
llamar a los cantores para que entonaran con él la nueva estrofa que
había compuesto: "Alabado seas,
mí Señor,
por nuestra hermana muerte
corporal, de quien ningún hombre
viviente
puede escapar. ¡Ay de aquellos que mueren
en pecado mortal! ¡Bienaventurados los que encuentres
cumpliendo tu muy santa voluntad, pues la muerte segunda no los hará
mar". Los
hermanos cantan el himno de las hermanas criaturas. Francisco, con voz
apagada, les seguía muy alegre. A la petición del superior de que
callase, le responde, que el canto ahuyenta mis dolores y celebro la
llegada de mi Dios. Espíritu
misionero Francisco
hacía tiempo que sentía una fuerza que lo empujaba hacia los países
de infieles. Le parecía que no era suficiente predicar en su patria. Su
deseo era dar su sangre por su Señor, como los caballeros deseaban
derramar su sangre por las causas nobles. Su embarque para Siria se ve
truncado por el viento. Sus intentos de arribar a Marruecos los corta
una enfermedad en España, no sin antes visitar Santiago de Compostela.
Logra arribar a Damieta en poder de los sarracenos. Un año permaneció
en tierras de Oriente. Se sentía feliz. De Italia le llaman y vuelve.
Ya que no pudo consagrar su vida entre infieles, dejó a sus hermanos el
encargo de ir a predicar el Evangelio entre infieles La
vivencia de los misterios de la Redención Pasados
los nubarrones que amenazaban su espíritu en la elaboración de la
regla para la Orden, su espíritu se llena de paz y aligerada su
responsabilidad pasa al valle de Rieti donde celebra las fiestas de
Navidad al vivo en la gruta de Greccio. Francisco cantaba, animaba,
sonreía: todo su semblante estaba luminoso. El misterio de Belén lo
fascinaba y volvía casi loco de alegría
En
el monte Alvernia todo invitaba a la contemplación. Francisco quiso
estar solo. El Jesús en la Pasión lo hacía llorar. Pensaba en el amor
tan grande de Jesús que le llevó hasta el extremo de dar su vida por
el hombre. Pensaba que la obra de Jesús debía prolongarse en el tiempo
y que aún no estaba terminada, por lo que él se sentía un cobarde;
decía no haber hecho nada. Pensaba, oraba, gemía y pedía a Dios que
prolongase la pasión de su Hijo en su cuerpo sintiendo en su cuerpo los
dolores de Jesús. Como todos los días el amanecer le sorprendió en
oración. Todo estaba en calma. De pronto, silenciosamente, sintió que
su cuerpo se rasgaba en sus manos, en sus pies, y en su costado. Eran
las heridas del amor. El dolor era tan intenso, que Francisco no supo el
comienzo
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SIGUIENTE: Ser franciscano
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SAN FRANCISCO SOLANO Nació en Montilla, (Córdoba, España), el día 10 de marzo de 1549. A los 20 años ingresó en la orden franciscana y en 1576 recibió la ordenación sacerdote. Durante algunos años alternó la vida retirada de oración y penitencia con la de predicador y enfermero. El P. Francisco fue nombrado maestro de novicios y cuando éstos cometían alguna falta en lugar de imponerles penitencia, se las imponía él mismo pues consideraba que él era el verdadero culpable de la conducta de sus discípulos: Francisco ejerció el ministro sacerdotal durante algunos años en el sur de España. En 1583 una epidemia de peste se propagó en Granada, enfermó pero se recuperó rápidamente. después de la epidemia solicitó a sus superiores que lo enviasen a Africa de misionero, pero su petición fue rechazada. En 1589 el rey Felipe II solicitó más frailes para el trabajo en América. Así en mayo de 1589 Francisco Solano llegó a Lima. Luego se dirigió al Alto Perú y Tucumán, donde los franciscanos poseían varios conventos. En el Norte argentino trabajó durante diez años al servicio de los indios de diversas tribus. Su amor a los nativos y su mansedumbre atrajeron a los pueblos que evangelizaba, y obtuvo así numerosas conversiones. Fue nombrado Custodio de los conventos que tenía la Orden en Tucumán y Paraguay. regresó al Perú en 1601, fue nombrado Guardián de la recién fundada recolección de Santa María de los Angeles en Lima, (hoy Convento de los Descalzos, en el Rímac). Se dedicó por algún tiempo al apostolado en Trujillo. De nuevo en Lima residió en el convento de San Francisco y se dedicó a enseñar la doctrina cristiana y predicar en calles y plazas. San francisco poseía el don de lenguas y realizó muchos milagros, que lo hicieron conocido como " El Taumaturgo del Nuevo Mundo". Fue hombre de profunda oración y de grandes sufrimientos, que sobrellevó con fortaleza y alegría. Murió el 14 de Julio de 610 en el Convento de San francisco de Lima. Fue beatificado por el Papa Clemente X en 1675 y canonizado por Benedicto XII en 1726 Más información sobre S. Francisco Solano: http://www.montilla.com/sanfranciscosolano/ |
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