UNA  LLAMADA,  UNA  RESPUESTA

  Una ayuda

Había un hermano, devoto de Dios y del siervo de Cristo, que frecuentemente daba vueltas a este pensamiento: que podría considerarse digno de la gracia divina todo aquel a quien el Santo le distinguiese con una especial amistad, y que, por el contrario, debería reputarse como excluido por Dios del número de los elegidos aquel a quien el Santo mirase como a un extraño. Atormentado muchas veces con tales pensamientos, ardía en deseos de gozar de la familiaridad del varón de Dios. A nadie había revelado su secreto; pero un día el bondadoso Padre, llamándolo dulcemente junto así, le habló de esta manera: te aseguro que eres uno de mis predilectos y que muy gustoso te brindo el favor de mi intimidad y afecto"

  Una orientación

  "Una vez, el bienaventurado padre Francisco, separándose de la gente que a diario acudía a oírle y contemplarle, se retiró a un lugar tranquilo, secreto y solitario para darse allí a Dios y sacudir el polvillo que se le pudiera haber pegado en el trato con los hombres... Habiendo permanecido allí por algún tiempo y como por la continua oración y frecuente contemplación hubiese conseguido el modo inefable la divina familiaridad, sintió deseos de saber lo que el Rey eterno quería o podía querer de él. Con la mayor diligencia buscaba por qué camino y con qué deseo podría llegar a unirse más íntimamente al Señor Dios según el consejo y beneplácito de su voluntad... Se llegó un día ante el sagrado altar construido en el eremitorio en que moraba y, tomando el códice que contenía los sagrados evangelios, con toda reverencia lo colocó sobre él. Postrado en la oración, no menos con el corazón que con el cuerpo, pedía en humilde súplica que el Dios benigno, Padre de las misericordias y Dios de toso consuelo, se dignara manifestar su voluntad          (Vida primera de Celano, capítulo 11, 91 y 92)

Un consejo  

"Al día siguiente, Jesús decidió partir para Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: Sígueme. Felipe era de Betsaida, el pueblo de Andrés y de Pedro. Felipe se encontró con Natanael y le dijo: hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en el libro de la ley, y del que hablaron también los profetas: es Jesús, el hijo de ]osé, el de Nazaret. Exclamó Natanael: ¿Nazaret? ¿ Es que de Nazaret puede salir algo bueno? Felipe le contestó: Ven y los verás. Cuando Jesús vio a Natanael que venía hacia él, comentó: Este es un verdadero israelita, en quien no hay doblez alguna. Natanael le preguntó: ¿de qué me conoces? Jesús respondió: antes de que Felipe te llamara, te vi yo, cuando estabas debajo de la higuera. Entonces Natanael exclamó: Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel". Jesús prosiguió: ¿Te basta para creer el haberte dicho que te vi debajo de la higuera? ¡Verás cosas mucho más grandes que ésa! Y añadió Jesús: Os aseguro que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo de¡ hombre (Jn. 1,43‑51)   Paseando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos: Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, que estaban echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Y les dijo: Venid detrás de mí y os haré pescadores de hombres. Ellos dejaron las redes al instante y lo siguieron. Más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago, el de Zebedeo, y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo, reparándola redes. Los llamó también y éllos, dejando al punto la barca y a su padre, lo siguieron ( Mt. 4, 18‑23)

Una claridad

Un hombre de Asís llamado Bernardo, que después fue un hijo perfecto, al decidir despreciar del todo el siglo a imitación del varón de Dios, pide consejo a éste: en la consulta se expresó en estos términos: "" Padre, si alguien hubiera poseído por largo tiempo bienes de un señor y no quisiere retenerlos ya más, ¿ cuál sería el partido más perfecto que tomaría acerca de ellos?   El varón de Dios le respondió diciendo que el de devolverlos todos a su señor, de quien los había recibido. Y Bernardo: ""' Sé que cuanto tengo me lo ha dado Dios, y estoy ya dispuesto a devolverle todo, siguiendo tu consejo". " Si quieres probar con los hechos lo que dices, entremos mañana de madrugada en la iglesia y pidamos consejo a Cristo, con el evangelio en las manos" Entran, pues, en la iglesia con el amanecer, y , previa devota oración, abren el libro del evangelio, decididos a cumplir el primer consejo que encuentran. Ellos abren el libro; Cristo, su consejo: Si quieres ser perfecto, ve, vende cuando tienes y dalo a los pobres. Hacen lo mismo por segunda vez y dan con esto: No toméis nada para el camino. Lo repiten por tercera vez y dan con esto otro: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo. Ninguna vacilación. Bernardo cumple todo al pie de la letra, sin dejar pasar ni una iota ( Vida segunda de San Francisco escrita por Celano, capítulo X, no 15)  

¡VEN, ACOMPAÑANOS!

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