La lluvia torrencial no logró
desanimar a los 200 mil peregrinos que participaron en la celebración
culminante del Jubileo de las familias en Roma, el pasado domingo día
15. Ha sido el acontecimiento que ha reunido mayor número
de gente en este Año Santo, después de las Jornadas Mundiales
de la Juventud.
Bodas bajo la lluvia
Juan Pablo II, que definió
la familia como «un laboratorio de humanización y de auténtica
solidaridad», celebró el sacramento del matrimonio de ocho
parejas de los cinco continentes. Y así, en pleno rito solemne,
entre el estruendo de la lluvia, la muchedumbre estalló con el grito:
«¡Vivan los novios!».
Refugiándose con paraguas
de todos los colores, matrimonios (en ocasiones armados de biberón),
niños (alguno iba cargado a la espalda de su padre dentro de una
mochila), parejas mayores... dieron un espectáculo único
de color y paciencia en la historia de Roma.
22 años de pontificado
En nombre de todos ellos, al inicio
de la concelebración eucarística, tomó la palabra
el cardenal Alfonso López Trujillo, presidente del Consejo Pontificio
para la Familia, quien felicitó a Juan Pablo II por el vigésimo
tercer aniversario de su pontificado, que se cumplió estos días
A continuación, se vivieron
los momentos más intensos de la liturgia, concelebrada por 75 cardenales
y obispos. La homilía se convirtió en una ocasión
única para el obispo de Roma para recalcar algunos de los temas
que ha privilegiado en este pontificado: «el ser humano -- explicó--
no ha sido hecho para la soledad, lleva en sí la vocación
de la relación, arraigada en su misma naturaleza espiritual».
El hombre tiene necesidad de la
familia
«Al ser humano no le bastan
las relaciones puramente funcionales. Necesita relaciones interpersonales,
ricas de interioridad, de gratuidad, de entrega en oblación. Entre
estas, es fundamental la que se realiza en la familia».
El Papa, al hablar de la familia,
no utilizó términos moralistas. Citando la Biblia habló
más bien del matrimonio como «una sola carne». «Por
eso, la Iglesia tiene la tarea de testimoniar en la historia este designio
originario, manifestando su verdad y mostrando que es posible», añadió.
«Al hacer esto, la Iglesia
no esconde las dificultades y los dramas, que la concreta experiencia histórica
registra en la ida de las familias --aclaró--. Ahora bien, sabe
también que la voluntad de Dios, acogida y realizada con todo el
corazón, no es una cadena que hace esclavos, sino la condición
de una libertad auténtica que tiene en el amor su plenitud».
«La Iglesia sabe también
--y la experiencia cotidiana se lo confirma-- que cuando este designio
original se oscurece en las conciencias, la sociedad experimenta un daño
incalculable».
De este modo, el Santo Padre recordó
que «los hijos son la primavera de la familia y de la sociedad»,
lema de estos días jubilares de las familias en Roma. Ellos hacen
«que los esposos sean "una sola carne"; y esto sucede tanto con los
hijos nacidos de la relación natural entre los cónyuges,
como con los hijos queridos a través de la adopción».
«Los hijos no son un "accesorio"
en el proyecto de una vida conyugal. No son un algo opcional, sino un don
precioso, inscrito en la estructura misma de la unión conyugal»,
dijo el Papa usando palabras gráficas.
«De este modo, se respeta
el derecho de los hijos a nacer y crecer en un contexto de amor plenamente
humano --insistió--. Al conformarse con la palabra de Dios, la familia
se convierte así en laboratorio de humanización y de auténtica
solidaridad».
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