Nuestro convento fue fundado en 1230,
en vida de Nuestra Santa Madre Clara, por sus compañeras y discípulas.
En un principio, se llamó de Sancti Spiritus, por estar aún
viva la santa, pero años más tarde, muerta y canonizada ésta,
tomó el título de Santa Clara.
Con casi 800 años sobre su
fundación, el convento ha sufrido una larga serie de destrucciones,
con motivo de las numerosas guerras que padeció Ciudad Rodrigo.
La vida religiosa también se ha visto amenazada debido a doctrinas
y ejemplos de diversas épocas. En 1567, las religiosas de este convento,
pasaron a la clausura y observancia y con ello, a una vida de gran piedad
y fervor.
Nuestro convento ha contado siempre
con gran número de religiosas. Actualmente formamos la comunidad
17 miembros: 14 religiosas de votos solemnes, 1 de votos simples, 1 novicia
y 1 postulante.
La forma de vida de la Orden de
las Hermanas Pobres, que instituyó San Francisco, consiste en guardar
el santo Evangelio de N.S. Jesucristo, viviendo en obediencia, sin
propio y en castidad.
Para la Clarisa, las palabras de
Jesús: "Si quieres ser perfecto anda, vende lo que tienes y dáselo
a los pobres...", no es un símbolo, sino una realidad que abarca
los bienes materiales y la persona. Sólo un corazón vacío
de sí mismo, puede llenarse de Dios.
Nuestra tarea primordial es orar,
siempre y en todo lugar. Ver a Dios en cada cosa, en cada persona y en
cada acontecimiento. Orar en lo escondido, pero nunca solas: la humanidad
entera está presente en nuestro corazón. "Somos sostenedoras
de los miembros débiles y vacilantes del Cuerpo de Cristo".Para
nosotras, como para Clara y Francisco, los hermanos son un don de Dios.
Nos sentimos hermanas de cuanto Dios ha creado y le alabamos con todas
las criaturas. Todos tienen un sitio en nuestro corazón, en nuestra
oración y en nuestro tiempo. Nos sabemos hermanas unas de otras
y somos conscientes de que cuanto mayor sea el amor de Cristo que arde
en el corazón, más se manifestará en nuestra vida
para estímulo de los demás.
El concepto de "clausura", está
lleno de contenido para nosotras. Nuestra dedicación total a Dios,
en soledad y silencio, no significa un apartamiento egoísta y cómodo,
sino el medio para crear un clima que proteja nuestra vida de oración
y contemplación. Un medio válido, ahora y siempre, para la
escucha de la Palabra y el encuentro con Dios. Por ello, nuestro carisma,
según Nuestra Madre Santa Clara, "es vivir en santa unidad, altísima
pobreza y en clausura".