HISTORIA DE SAN MATEO
Tenemos pocas noticias de los oscuros orígenes del
Templo Parroquial, la primera mención documentada proviene de 1354 cuando se
fundó en ella la Cofradía de los Caballeros de Nuestra Señora del Salor.
Es una de las antiguas de las cuatro primitivas
parroquias de Cáceres.
Parece, que primitivamente fue una mezquita
musulmana y luego se convirtió en templo cristiano. Esto parece confirmarlo el
hecho de que esté construida en lo más alto de la Ciudad Cacereña y su
proximidad al antigua alcázar árabe, de que queda el importante aljibe de la
Casa de las Veletas. Lo cierto es que de la supuesta mezquita no queda ningún
resto y sobre su solar se construirá un nuevo templo en los años inmediatos a
la reconquista de la Ciudad por las tropas de Alfonso IX, sobre el 1227. Pero
de ese templo, que sería muy pequeño no ha quedado nada, pues los más antiguos
elementos estilísticos de la actual arquitectura parroquial corresponden de
principios del siglo XVI, tiempo en que ya se había tomado el acuerdo de
ampliar el Templo a causa del crecimiento demográfico de la Villa.

La portada del Templo es majestuosa: tiene dos
columnas, coronadas de capiteles. Dichas columnas enmarcan un arco con
casetones de angelitos y con sendos medallones con las efigies de San Pedro,
el Príncipe de los Apóstoles y San Pablo, el Apóstol de los gentiles. En el
centro y sostenido por dos niños el busto de un joven varonil, medallón
decorativo al estilo romano de la época. Culminan la portada niños de sabor
italiano que los labró el escultor cacereño Juan de Santillana en 1565; el de
la izquierda lleva la corona de espinas, el de la derecha lleva en sus manos
una calavera, signos del sacrificio, del amor y de la muerte por los que todo
cristiano tiene que pasar si quiere alcanzar las puertas del paraíso, que de
este modo, se simbolizan en la del Templo.
La pieza de más valor del Templo Parroquial de San
Mateo es el imponente retablo mayor, del siglo XVIII, que sustituyó a otro
anterior, cubre la pared y llega hasta la bóveda. Es de estilo rococó, en
madera sin dorar, salvo en la parte relativa a la custodia – manifestador y lo
construyó el maestro cacereño Vicente Barbadillo
Descansa en un pedestal de cantería y está compuesto
de tres cuerpos:
Preside el primer cuerpo el manifiesto para la
custodia de tipo giratorio incluida en un barroco hueco de perfil mixtilíneo.
Tiene una hornacina en la que se encuentra la escultura del Santo Niño de la
Congregación, imagen del siglo XVII, imagen a la que se profesó una gran
devoción. A los lados otras dos hornacinas; en una la Virgen del Rosario(
comprada a finales del siglo IX) con una corona del siglo XVII y en la otra
San José con el Niño.
En el segundo cuerpo, en la hornacina central
preside una imagen moderna del titular de la Parroquia San Mateo, mientras que
en la laterales está S.Juan Nepomuceno y San Pedro Apóstol, ambas del siglo
XVIII.
En el tercer cuerpo, también el centro un Cristo
Crucificado, probablemente del siglo XVII, que se le llama “Cristo de la Buena
Muerte”, y en los laterales San Francisco de Asís y San Pedro de Alcántara.
El remate del retablo culmina en magnificas tarjas y
broches de hojarasca pomposa.
Resaltar la cantidad de enterramientos en las
paredes del templo con sus bellos escudos pertenecientes a las respectivas
familias; también el inmenso coro con una gran bóveda y sin apoyos de
columnas.
Como imaginería, abundan los pasos penitenciales: La
Oración en el huerto, el beso de Judas, Jesús amarrado a la columna y la
Dolorosa de la Cruz policromada en buena talla de madera, que es una copia
realizada en Valladolid, por Antonio Vaquero, de la famosa de Gregorio
Fernández que se guarda en la Iglesia de la Vera Cruz de Valladolid. Se cedió
a la parroquia en el 1953 según lo indica en una inscripción en la peana: "Réplica
de la Santísima Virgen de los Dolores de Gregorio Fernández donada por el
Rvdº. Don Santiago Gaspar Gil párroco de San Mateo de Cáceres. Año de MCMLIII”
y también figura el nombre del artista: “Antº Vaquero”.
Finalmente resaltar la capilla del Cristo de la
Encina. El cuadro es un lienzo con aves exóticas y edificios clasicistas, y
representa al Cristo que un misionero escondiera en una encina y que fue
descubierto por un leñador indígena sorprendido por la inesperada aparición.