FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE

Y SANTA MARÍA REINA

 

Naturaleza y Finalidad

La “Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina” es un movimiento de espiritualidad y apostolado cuyo fin es fomentar en sus miembros una vida cristiana más perfecta mediante la vivencia, progresivamente más consciente y profunda,  de las exigencias que se derivan del carácter sacerdotal profético y real con que han sido consagrados en el santo bautismo los fieles que a ella se adhieren, y del carácter propio del sacerdocio ministerial que han recibido los presbíteros que de ella formen parte.

            Espíritu o Carisma

 El espíritu o carisma propio de la “Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina” consiste esencialmente en la vivencia cada vez más perfecta del sacerdocio común, el amor filial a la Virgen María, la imitación de sus virtudes, y la extensión del Reino de Cristo mediante el reinado de María en las almas.

 Objetivos

Para que los miembros de la “Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina” hagan más fácilmente realidad la finalidad del movimiento, todos por igual, de acuerdo con su propia condición de pertenencia:

● Han de cultivar y fomentar la vida de oración, la práctica y la vivencia de la Sagrada Liturgia, el culto de adoración a la Divina Eucaristía y la Reparación a los Sacratísimos Corazones de Jesús y de María. Y muy especialmente habrán de procurar la unión con Cristo “en sus dolores como el Cuerpo a la Cabeza”, “anunciando la cruz y la muerte del Señor hasta que Él venga”, y deseando hacerse con Él “ofrenda permanente” al Padre, por las manos de María.

Profesando un amor tierno y filial a nuestra Madre, la Bienaventurada Virgen María, siguiendo el camino de infancia espiritual, procuran la imitación de sus virtudes en su vivir cotidiano, especialmente su fe, su humildad, su obediencia, su oración, su mortificación, su pureza, su caridad, su paciencia, su dulzura y su sabiduría. Llevan a la práctica y proponen a los demás cristianos la consagración a Cristo por medio de María, según la doctrina de San Luis María Grignion de Monfort, como medio eficaz para vivir fielmente los compromisos del santo bautismo.

Cooperan con la Jerarquía de la Iglesia por medio ‘de la oración constante por el Santo Padre y por los Sagrados Pastores’, y trabajan en la obra de la evangelización, mediante el testimonio de la vida cristiana, el anuncio del evangelio, y el apostolado catequístico, juvenil y familiar.

Se esfuerzan por servir al mismo Jesucristo presente en todos sus hermanos, especialmente en los más pequeños, en los pobres y en los enfermos para compartir y amar la Cruz.

Conscientes de haber sido elevados a la categoría de hijos adoptivos de Dios, por los méritos de Jesucristo, nuestro Hermano y Salvador, su vida ha de estar impregnada de aquellas virtudes que engendran y afianzan la fraternidad cristiana. Es por ello que sus trabajos apostólicos irán encaminados a anunciar a todas las gentes el don del Padre a ser ‘hijos’ en el Hijo, y hacer efectiva su unión con Dios y con los hermanos en el seno de la Santa Iglesia Católica.

Por ello los miembros de la “Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina” consideran  la misión ‘ad gentes’ – el anuncio de Cristo a cuantos todavía no han oído hablar de Él – como uno de los principales deberes que brotan de su propia espiritualidad.

Y como es sabido que la vocación a la santidad “se fundamenta en el Bautismo, que caracteriza también al presbítero como un ‘fiel’, como un ‘hermano entre hermanos’, inserto y unido al Pueblo de Dios, con el gozo de compartir los dones de la salvación y en el esfuerzo común de caminar según el espíritu siguiendo al único Maestro y Señor”, la “Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina” se constituye como lugar común  -en unidad orgánica- para los laicos, religiosos y sacerdotes que se comprometen a trabajar, personal y comunitariamente, en la realización de esa ‘común’ vocación a la santidad, según los distintos carismas y dones recibidos por cada uno de sus miembros.

Ello no obsta para que no deje de tenerse en cuenta la existencia “de una vocación ‘específica’ a la santidad y más precisamente de una vocación que se basa en el sacramento del Orden, como sacramento propio y específico del sacerdote, en virtud de una nueva consagración a Dios, mediante la ordenación”, lo que supone también un nuevo motivo de exigencia para aquél radicalismo evangélico al que por tal motivo está llamado todo sacerdote.

 

  Jesucristo, Sumo Y Eterno Sacerdote

<< JESÚS ES SACERDOTE, PORQUE SE OFRECIÓ EN SACRIFICIO POR NUESTROS PECADOS; ES PROFETA, PORQUE NOS REVELÓ LA LEY SANTA DE DIOS; ES REY, PORQUE REINA SOBRE NOSOTROS >>

Desde el primer instante de su encarnación en el seno de la Virgen, fue constituido verdadero, Único, Sumo y Eterno Sacerdote por la unción del Espíritu Santo. El sacerdocio de Cristo está por encima del sacerdocio del Antiguo Testamento y habiendo abolido éste, ha instaurado el de la Nueva y Eterna Alianza.

 Cristo cumplió en sí mismo todos los requisitos del sacerdocio. “Tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, para ofrecer presentes y sacrificios por los pecados”. Fue instituido sacerdote por solemne juramento de Dios, posee un sacerdocio imperecedero, es Santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores, pero tiene en común con nosotros la naturaleza humana de suerte que puede sentir compasión por nuestras flaquezas. Es el Hijo de Dios, perfecto para siempre y por el sacrificio de sí mismo, que ofreció una sola vez en la cruz y que actualiza en la Santa Misa de una forma incruenta por el ministerio de sus sacerdotes, ha borrado los pecados de los hombres.

 “Cristo Señor, pontífice tomado de entre los hombres” a su nuevo pueblo “lo hizo reino de sacerdotes para Dios su Padre”. Por el Bautismo entramos a formar parte de su Iglesia y somos para siempre miembros de Cristo Sacerdote, Profeta y Rey. Por ello todos los bautizados, como verdaderos miembros del Cuerpo Místico, HAN DE OFRECERSE A SÍ MISMOS COMO HOSTIA VIVA, SANTA Y GRATA A DIOS, UNIÉNDOSE  AL MISMO JESUCRISTO QUE SE OFRECE EN EL ALTAR, Y HAN DE DAR TAMBIÉN RAZÓN DE LA ESPERANZA QUE TIENEN EN LA VIDA ETERNA.

 DE ENTRE LOS MIEMBROS DE SU PUEBLO SANTO ES EL MISMO  CRISTO QUIEN CON AMOR DE HERMANO, ELIGE A ALGUNOS HOMBRES PARA QUE, EN VIRTUD DEL SACRAMENTO DEL ORDEN SACERDOTAL, PARTICIPEN DE SU SAGRADA MISIÓN. LOS SACERDOTES RENUEVAN EN NOMBRE DE CRISTO EL SACRIFICIO DE LA REDENCIÓN, PREPARAN EL BANQUETE PASCUAL, PRESIDEN AL PUEBLO SANTO EN EL AMOR, LO ALIMENTAN CON LA PALABRA DIVINA Y LO FORTALECEN CON LOS SACRAMENTOS.

   El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial, aunque ambos son participación del único sacerdocio de Cristo, son sin embargo DIFERENTES EN ESENCIA Y EN GRADO.

Santa Maria Virgen, Reina

 “La Iglesia ha nacido con la finalidad de propagar el Reino de Cristo por toda la tierra para gloria de Dios Padre, y, de esta forma, hacer partícipes a todos los hombres de la redención salvadora, y por medio de esos hombres ordenar realmente todo el mundo hacia Cristo”.

 La Virgen María fue asociada por Dios a la Persona y a la misión de Cristo su Hijo de una forma única e indisoluble. Ella es Madre de Dios y Madre nuestra, y <<desde el momento en que pronunció su Fiat, lleva a todos los hombres en su seno>>. Como Madre verdadera y real nos comunica la vida sobrenatural, y cuida de su desarrollo hasta que Ella misma nos alumbre a la vida eterna. En su seno nos va formando como verdaderos y auténticos hijos de Dios y hermanos de su Divino Hijo, va adornando las almas con sus mismas virtudes. La Virgen va haciendo posible el reinado de Cristo en nosotros y en el mundo, moviéndonos a acoger como Ella a su Hijo con limpio corazón, a guardar y meditar sus enseñanzas, a permanecer unidos en la oración y a unirnos a la ofrenda de su vida al Padre.

 Cumpliendo su misión materna la Virgen Inmaculada no deja de asistir a la Iglesia y de ayudarla a llevar a cabo el mandato de Cristo, esto es, a dilatar su Reino por toda la tierra y a que sus hijos alcancen la Gloria en el Reino de los Cielos.

Si María, que se autoproclamó <<Esclava del Señor>> y fue coronada por Dios como Señora de todo lo creado, reina en las almas habremos encontrado el camino seguro y perfecto para que el reinado de Cristo llegue en nosotros a su plenitud.

 

“Procuren acercarse con mayor confianza que antes, todos cuantos acudan al trono de gracia y de misericordia de nuestra Reina y Madre, para pedirle socorro en las adversidades, luz en las tinieblas, alivio en los dolores y penas; y lo que vale más, que todos se esfuercen por librarse de la esclavitud del pecado, para poder rendir un vasallaje constante, perfumado con la devoción de los hijos, al cetro real de tan gran Madre...

Si la realeza de María tiene un símbolo muy apropiado en la “acies ordinata”, en el ejército ordenado para la batalla, nadie querrá por ello pensar ciertamente en ninguna intención belicosa, sino únicamente en la fuerza de ánimo que admiramos en grado heroico en la Virgen, y que procede de la conciencia de trabajar poderosamente por el orden de Dios en el mundo”                                                                                                                     

 

(Pío XII)