Homilía pronunciada en uno de nuestros Monasterios: Domingo V Cuaresma 2014


Caminamos para la Pascua, hoy, cuando nos encontramos a dos semanas de su celebración anual, pero también todos los días, porque un hijo o una hija de Dios siempre está en tránsito de la muerte a la vida: somos seres pascuales, así como toda la creación. Atraviesan el evangelio de hoy la muerte, la vida y la amistad. La amistad, como una manifestación genuina del amor, que se yergue como un puente de la muerte a la vida. "Lázaro, ven afuera" - gritó Jesús con voz potente. Aquel que antes lloraba y preguntaba conmovido donde estaba su amigo enterrado, ahora grita como quien afronta la fuerza de un adversario. "Ven afuera" - la vida es éxodo, es salida de sí mismo; la muerte es parálisis, es enquistamiento en sí mismo. Venir afuera es el movimiento característico de la naturaleza en primavera. Sintonizamos fácilmente con la primavera, aunque haya aquí una ambivalencia: se nos seduce la vida que brota con tanta exuberancia, por contraste, a veces, nos entristece, o incluso nos deprimimos, por sentir que nos falta personalmente esa energía para salir afuera, como si resignadamente ya no creyéramos que nada de nuevo o de bueno nos pudiera traer la vida. Si nos fascina la vida, la pulsión de muerte también tiene sobre nosotros un efecto seductor, y puede manifestarse como una especie de autocomplacencia destructiva. Pero esta actitud únicamente oculta un deseo profundo de vivir. ¿Quién nos puede despertar del sueño de muerte? Solo un amigo nos puede despertar de la muerte, porque, en verdad, solo el amor resucita y nos rescata de la muerte. La voz de un amigo tiene la capacidad de romper con la incomunicación característica de la muerte, porque la voz de un amigo penetra más hondo y puede ser escuchada con el corazón. Es la fuerza de la amistad de Jesús que contraría la evidencia de la muerte de Lázaro. La amistad tiene una capacidad de más verdad que la evidencia de los hechos. El amigo ve más lejos y más profundamente.

Elredo de Rieval, uno de los padres cistercienses del siglo XII, dice que "la amistad es... la patria de los desterrados, la fortuna de los pobres, la medicina de los enfermos, la vida de los muertos,... la fuerza de los débiles". Y sigue diciendo: "Pero hay algo más que supera a todo esto: la amistad es un escalón próximo a la perfección, que consiste en el conocimiento y el amor a Dios. El hombre, amigo de otro hombre, se hace amigo de Dios". Para Elredo la amistad no es simplemente un instrumento o una mediación entre Dios y el hombre. La amistad es el lugar mismo del encuentro entre el humano y el divino. La amistad nos coloca en el corazón de Dios. Es justamente por eso que ella tiene la capacidad de resucitar, porque nos conecta con la Fuente de la Vida.

Si tuviéramos que resumir la naturaleza de la amistad, podríamos decir: un amigo es alguien que ha sido capaz, aunque fuera por un breve momento, de mirar la hondura de nuestra alma y de transportar consigo después ese secreto, de la forma más gratuita y constructiva. Todo cambia en la vida cuando estamos seguros de que hay una mirada benévola que nos sostiene. Puede ser una mirada discreta y tenue, como tantas veces es el lenguaje de la amistad, pero sabemos que no nos abandona. "Desatadlo y dejadlo andar" - el amigo se alegra con nuestra libertad y con la autonomía que él mismo nos ayudó a conquistar. Un amigo no nos aprisiona para sí.

El modo cómo empieza una amistad es un misterio. Pero abrirnos a esa posibilidad es un paso importante. Ser amigo de uno mismo y vivir una relación de amistad son dimensiones que caminan paso a paso, lado a lado, que se entrecruzan y que se fecundan mutuamente. Quien acepta y ama su propia fragilidad abre camino para la llegada de un amigo y ese encuentro, a la vez, será decisivo para una progresiva reconciliación consigo mismo. Las pulsiones de muerte que nos pueden asaltar no son más que el deseo de escuchar una voz que nos llame a la vida. Cuanto más nos exponemos a la vulnerabilidad propia de una relación humana, tanto más estaremos abiertos para recibir la gracia de la Pascua.