Homilía pronunciada en uno de nuestros Monasterios el domingo “Gaudete” (III de Adviento)


1.- “Domingo "Gaudete"”.
El mensaje de este domingo es que: Dios nos ofrece la liberación bajo el signo de la alegría: “Estad siempre alegres, os lo repito: estad alegres porque el Señor está cerca”, nos dice San Pablo. Y el profeta Sofonías nos dice también: “¡Grita de alegría, hija de Sión! ¡Aclama, Israel! ¡Alégrate y regocíjate de todo corazón”, porque el Señor perdona toda nuestra deuda.

Este mismo júbilo, que irrumpe como el sol pintando de color todas las cosas… nos acompañará ya hasta la Navidad, para celebrar que el Amor y nuestra Alegría, Cristo Jesús, viene a nacer sobre nuestra tierra, en nuestra pobre carne humana.

2.- La causa de nuestra alegría es que el Señor está cerca.
La alegría debería ser uno de los aspectos más esenciales de nuestra fe, de hecho la alegría es la tónica general del evangelio:
-- el ángel Gabriel le anuncia a María: ¡Alégrate... llena de gracia... el Señor está contigo!
-- y salta de alegría Juan el Bautista en el seno de Isabel, al sentir la cercanía de María, la cercanía del Señor que ya habita en ella.
-- la alegría agradecida de María en el Magníficat, al reconocer en ella las obras grandes de Dios.
-- dentro de unos días nos cantarán los ángeles que anuncian el nacimiento del Señor: una gran alegría para todo el pueblo... y la alegría de los magos al ver la estrella...
-- Es verdad que los evangelios nunca nos describen a Jesús riéndose (y tampoco, bostezando, p.e.) , pero sí nos lo presentan muchas veces participando en fiestas. Entre ellas la boda de Caná, donde contribuye al festejo con seiscientos litros de buen vino.
-- los saltos de alegría de algunos cojos cuando Jesús les cura... o la alegría del que encuentra el tesoro escondido o la perla de gran valor...
-- incluso antes de que Jesús entregue su vida, pide al Padre que llene a los suyos de Su alegría.
-- y ¿qué significa la palabra Evangelio sino: Buena Noticia, notición de la alegría?

La alegría es como una musiquilla de fondo que, sin hacerse notar, da sentido a lo que va aconteciendo. Dios escribe nuestra historia de Salvación con el pincel de la alegría. Por eso, deberíamos de tomarnos “muy en serio” esto de la alegría, ya que los cristianos no pasamos por ser precisamente “la alegría de la huerta”. Cuando alguien dice: “soy cristiano”, el que escucha no suele pensar “¡Qué tipo tan divertido! ¡Qué bien me lo voy a pasar con él!”. Pocas personas, pero sobre todo los jóvenes, identifican hoy al Cristianismo, o a cualquier religión, con un lugar de fiesta.

Pero Dios es alegría, Dios es posibilidad desbordante para todo lo bueno. ¿Quién puede estar triste con la presencia de un Dios que lo llena todo? La alegría que se nos invita a vivir, en la espera y en la acogida del don de la Navidad, NO es una alegría de placeres, de falsas alegrías, de muecas vacías, de sonrisas de plástico… Sino la alegría que brota de la presencia de Dios en medio de nosotros. Sólo esta alegría llena de ánimo y paz nuestro corazón, y se expresa en un impulso de acción creativa y liberadora entre los hombres. Una alegría que nos llegará, después de habernos liberado de los muchos deseos que nos producen desasosiego e incluso una tristeza fría. Una alegría inextinguible tras la espera de lo pequeño y sencillo.

3.- "Y la paz de Dios, que sobrepuja a todo sentimiento, guarde vuestros corazones..." (Flp 4, 7)
La alegría verdadera nos conduce a la paz de Dios. La paz como uno de los bienes más valiosos que el hombre puede gozar. En medio de la crisis que vivimos, saber que Dios tiene la clave de la historia en su Mano, nos da paz y una dulce alegría. Paz con Dios, paz consigo mismo, paz con todos los hombres. Concordia y cordialidad. Sentirse respetado, libre de toda preocupación, seguro en cualquier lugar. Paz en la conciencia, sin que ninguna sombra turbe nuestro vivir, sin que ningún mal recuerdo haga de nuestro sueño una pesadilla. Creer que el Señor nos mira con amor y comprensión, que está siempre dispuesto al perdón de nuestras faltas, que nos quiere ayudar, tiene tendidas sus Manos hacia nuestro caminar, como las tiende una madre cerca del torpe andar de su hijo pequeño.

Los sentimientos parecen cada vez más amortiguados en nuestra sociedad y a cambio de ellos sólo nos ofrece deseos: de riqueza, de poder, de tener más cosas, de poseer sexualmente más que de amar.

La paz de Dios, es la paz más profunda que jamás podamos soñar. Una paz distinta de la que puede dar el mundo, una paz que sobrepasa a todo cuanto podamos imaginar...

Ojalá que vivamos conscientes de que Dios nos quiere dar su Paz; ojalá vivamos siempre serenos y alegres, siempre fieles a este Señor y Dios nuestro cuyo deseo hacia nosotros es siempre amarnos.

4.- Debemos leer y meditar con calma el evangelio de este domingo, para poder percibir así a Juan el Bautista como auténtico precursor de Cristo. Más de una vez hemos visto contraponer la figura del Bautista a la figura de Cristo , como si se tratara de dos puntos muy distintos y casi irreconciliables de una misma línea de evangelización. Probablemente, los judíos de aquella época ya los vieron así:
- Juan el Bautista era el hombre penitente y austero, predicador que vivía y clamaba en el desierto, que “¡no comía ni bebía!...
- en cambio, Jesús de Nazaret era el defensor de los pobres, el amigo bueno, el que defiende a los marginados, cura a los enfermos, le siguen mujeres, abraza a los niños, el que habla con los pecadores, y come y bebe con ellos, el que lucha, hasta la muerte, contra la injusticia.

A los dos les criticaron y calumniaron injustamente los fariseos, sacerdotes y letrados de entonces, por motivos distintos. Pues bien, el evangelio de este domingo me descubre que realmente Juan el Bautista fue un auténtico precursor del evangelio que predicaría después Jesús de Nazaret, aunque lo hace desde un lugar distinto, y en situaciones y con palabras distintas. El evangelio dice que el pueblo estaba expectante ante la llegada del Mesías y por eso preguntan al Bautista si él es a quien esperan. Es interesante destacar esta expectación. Y, claro, de ella surge la interrogante de si nosotros llegamos a ese grado de interés por la espera. Juan el Bautista fue un auténtico profeta de la justicia y de la fraternidad. El que tenga dos túnicas debe dar una al que no tiene ninguna; el que tenga más comida de la que necesita debe dar de comer al que no tiene para comer; los publicanos no deben estafar, ni tratar de recaudar más impuestos de los legítimamente establecidos; los militares no deben usar nunca en beneficio propio la fuerza de unas armas que no son suyas... Seguro que Jesús de Nazaret hubiera firmado sin dudarlo estas respuestas del Bautista Juan. En definitiva, Juan predica una justicia social y una fraternidad universal muy parecidas a la justicia y a la fraternidad que predicaría después Jesús de Nazaret. Porque no existe verdadera alegría y auténtica paz si no hemos convertido nuestra vida en una casa para todos. Dios quiere que compartamos todo lo bueno que es patrimonio dado para todos. Juan predica una conversión que no sólo es personal, sino que busca también una renovación social.

¿Y si por una vez nos arriesgáramos a esperar la Navidad de modo diferente? ¿Y si por una vez nos arriesgáramos a vivir cada instante como si fuera el primero, como si fuera el último, como si fuera el único?

Hermanos... ¡Un poco de alegría! ¡Un poco de ilusión! ¡Un poco de esperanza! ¡Un poco de paz!
¿Que por qué? Porque viene Jesús a salvarnos.
“Cristo ha venido y vendrá a animar una fiesta en el corazón de la humanidad”.
Entrará en el mundo llorando para que nosotros, los hombres y las mujeres, acabemos sonriendo. Pidámosle al Señor que sepamos ser su sonrisa visible y creíble para este mundo.

MI PAZ Y MI ALEGRIA ERES TU, SEÑOR.
Porque vienes y te sientas a mi lado
Porque compartes mi condición humana
sabiendo lo frío, que tantas veces,
se encuentra mi corazón y mi pensamiento.
Porque, siendo Dios, apuestas fuerte por mí
y estando en el cielo,
plantas tu Tienda en medio de nuestro dolor, tristeza e incertidumbre.
Ven, y haznos recuperar el gusto por vivir.

MI PAZ Y MI ALEGRIA ERES TU, SEÑOR.
Vienes en silencio y tus pasos, Señor,
producen en mí: serenidad, confianza y paz.
Por eso espero tu llegada y preparo mi interior.
Anhelo la Noche Santa de la Navidad
y afino las cuerdas de mi alma,
con la verdad, la espera, el silencio,
la humildad y la vigilancia.
porque sé, mi Señor,
que mi alegría será plena y radiante
cuando nazcas para siempre en mí. Amén

Lecturas:

“¡Grita de alegría, hija de Sión! ¡Aclama, Israel! ¡Alégrate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén! El Señor ha retirado las sentencias que pesaban sobre ti y ha expulsado a tus enemigos. El Rey de Israel, el Señor, está en medio de ti: ya no temerás ningún mal. Aquel día, se dirá a Jerusalén: ¡No temas, Sión, que no desfallezcan tus manos! ¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti, es un guerrero victorioso! El exulta de alegría a causa de ti, te renueva con su amor y lanza por ti gritos de alegría, como en los días de fiesta. Yo aparté de ti la desgracia, para que no cargues más con el oprobio” (Sof 3, 14-18)

“He aquí a Dios mi Salvador: estoy seguro y sin miedo, pues Yahvé es mi fuerza y mi canción, él es mi salvación." Sacaréis agua con gozo de los manantiales de la salvación, y diréis aquel día: "Dad gracias a Yahvé, aclamad su nombre, divulgad entre los pueblos sus hazañas, pregonad que es sublime su nombre. Cantad a Yahvé, porque ha hecho algo sublime, que es digno de saberse en toda la tierra. Dad gritos de gozo y de júbilo, moradores de Sión, que grande es en medio de ti el Santo de Israel" (Is 12,2-6)

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres.
Que vuestra mesura sea conocida de todos los hombres.
El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión,
presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias. Y la paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús
(Flp 4, 4-7)

“La gente le preguntaba: "Pues ¿qué debemos hacer?"
"El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene;
el que tenga para comer, que haga lo mismo."
Vinieron también publicanos a bautizarse: "Maestro, ¿qué debemos hacer?"
"No exijáis más de lo que os está fijado."
Le preguntaron también unos soldados: "Y nosotros ¿qué debemos hacer?"
"No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas y contentaos con vuestra soldada." Como el pueblo estaba expectante y andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo, declaró Juan a todos: "Yo os bautizo con agua; pero está a punto de llegar el que es más fuerte que yo, a quien ni siquiera soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo para aventar su parva: recogerá el trigo en su granero, pero quemará la paja con fuego que no se apaga" Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva”
(Lc 3, 10-18)